La trinidad

Apurados intentos de unidad en el fujimorismo.

Editorial Editorial
11 07 2019 | 01:01h

De acuerdo a las indagaciones de este diario, Fuerza Popular (FP) lleva a cabo acercamientos con los miembros del grupo Cambio 21, formado por legisladores disidentes de la facción que lidera Keiko Fujimori, que consumaron su salida luego de votar contra la vacancia del entonces presidente Pedro Pablo Kuczynski (PPK) a cambio del indulto otorgado a Alberto Fujimori.

Los tratos se han iniciado; un protagonista sería el mismo Alberto, que se ha comunicado con la mayoría de los integrantes de la bancada disidente para persuadirlos de que retornen otorgándoles seguridades de que “las cosas van a ser diferentes y se les dejará trabajar y participar políticamente”, en relación con el trato despótico brindado por Keiko y sus allegados a sus colegas.

Consonante a ello, el legislador Héctor Becerril, otrora crítico del menor de los Fujimori, y uno de sus acusadores y acosadores que propusieron su desafuero del Congreso, ha aseverado que “algunos fujimoristas” están trabajando para que los siete miembros de Cambio 21 retornen a FP, mostrándose complacidos con esa posibilidad.

Más allá de que varios de los aludidos se muestran escépticos o desconfiados, y de que el mismo Kenji guarda un extendido silencio, es llamativo el intento de unir a la bancada fujimorista especialmente cuando se acerca la elección de la mesa directiva del Congreso y se hace probable la libertad de Keiko. En todos estos tratos y movimientos existe un notorio apuro para que FP no pierda poder y se presente como un grupo ajeno a la bancarrota.

Estas gestiones evidencian el pleno uso de facultades vitales y políticas de Alberto Fujimori, que recupera terreno a costa de su hija detenida, un interés que lo impulsa a alentar la desaparición del grupo que se formó para él y en defensa de él. Si el operativo tiene éxito, el “albertismo” dejaría de ser tal para convertirse en el antiguo fujimorismo, una década después de que Keiko iniciara una travesía personal. Ese fujimorismo, en realidad el de siempre, resumiría el fracaso de la heredera y el recojo por lo menos de una parte de la herencia.

Lamentablemente para ellos, la familia Fujimori no maneja todos los hilos del problema, en un contexto donde los tres principales implicados –Padre, hija y espíritu retirado– tienen cuentas pendientes con la justicia. Además, no todos los que se han ido desean regresar, no todos los que se quedaron desean tener como jefe directo a Alberto, mientras uno de los aludidos, Kenji, parece sentirse cómodo fuera de juego. La que pierde, como es costumbre, es Keiko.