Distorsiones de la realidad

“Mientras unos son víctimas de graves fallas en su funcionamiento, los otros mienten. Y saben que lo están haciendo”

Jorge Bruce
08 Jul 2019 | 5:41 h

Es usual recurrir a cuadros clínicos –esquizofrenia, autismo, depresión, etcétera– para descalificar afirmaciones efectuadas en la arena política o económica. Además de ser ofensivo para quienes sufren estos graves trastornos de personalidad, incluso como metáfora su uso es inadecuado. La razón de esta inadecuación es muy clara: mientras las personas afectadas por estas psicopatologías están limitadas en su capacidad de distinguir planos de la realidad, los políticos u otros líderes que distorsionan los hechos lo hacen a sabiendas, con el propósito de beneficiarse o protegerse.

Esto no significa que no haya psicopatología –y mecanismos como la negación– entre las figuras públicas. Más bien son numerosos los ejemplos de floridas manifestaciones de sintomatología entre personajes que abundan en las primeras planas. Pero por lo general ninguno de ellos carece de la capacidad de distinguir entre lo que es real y lo que no. En otras palabras: mientras que unos son víctimas de graves fallas en su funcionamiento mental o afectivo, los otros mienten. Y saben que lo están haciendo, por más que intenten creerse su propio relato.

Esto, a su vez, va generando entre quienes los escuchamos proferir falsedades una y otra vez, una suerte de callosidad psíquica. La ideología hace de las suyas, para complicar las cosas todavía más. Según desde donde se escuche el discurso, las reacciones van a variar.

Pongamos un ejemplo reciente y revelador de esta complejidad.

La visita de Michelle Bachelet, alta comisionada de Naciones Unidas, a Venezuela. Mucha gente tenía el prejuicio de que, al provenir la chilena de un partido de izquierda, su informe sería favorable al Gobierno de Maduro. Pocos días antes había retornado de ese país Vladimir Cerrón (médico como Bachelet), Gobernador regional de Junín. Su partido, Perú Libre, es de izquierda. Cerrón declaró que en Caracas los mercados estaban llenos y la gente apoyaba mayoritariamente al chavismo. ¿Deliraba? ¡Claro que no! Decía lo que su ideología le exigía, por cálculos políticos.

En cambio Bachelet emitió un informe devastador. Denunciaba numerosas violaciones a los derechos humanos, ejecuciones extrajudiciales, servicios públicos destruidos, hambruna y una salud pública en fase terminal. Más de cuatro millones de venezolanos han huido de su país por esos motivos. Saquen sus conclusiones.