Sierra Central: ¿15 años más sin gas?

“Hay que hacer como Bolivia y Colombia. No más esquemas “ideologizados” que, en proyectos de rentabilidad social, no funcionan...”.

Humberto Campodónico
03 Jul 2019 | 5:06 h

proinversion

Desde el 2005 ha habido varias licitaciones de Proinversión, para llevar el gas de Camisea a los domicilios de ciudades de la sierra central (ver gráfico). Sin embargo, ninguna de ellas tuvo éxito, a pesar de que el gasoducto TGP pasa a solo 20 km de Ayacucho.

Antes de ver por qué hay que remarcar que sustituir los balones de GLP por gas natural –que contamina menos– abarata el gasto de los hogares en 40 soles mensuales, el 4.3% del sueldo mínimo (en la sierra central la pobreza es mayor). Esta es una política pública de importancia A-1.

Vamos al tema. Primero: la cantidad de gas que consumen los domicilios es muy pequeña y la inversión para atenderlos es muy grande. Veamos Lima: de los 550 millones de pies cúbicos diarios (mmpcd) que se consumen, la mayor parte (350 mmpcd; 63%) va a 24 centrales eléctricas, seguidas de 27 grandes industrias (77 mmpcd; 14%). Así, 51 clientes representan el 77% del consumo.

Pero los 760,000 hogares solo consumen 10 mmpcd, el 2%. Para abastecerlos hay que romper pistas, tender tuberías y conectarlas a la vivienda (cuesta US$ 600 por domicilio y es subsidiado en Lima con el FISE).

Segundo, el proyecto de Proinversión para masificar 7 regiones (Junín, Ayacucho, Huancavelica, Apurímac, Ucayali, Cusco y Puno) establece que el ganador debe hacer 113,000 conexiones en 5 años en las ciudades principales.

Tercero, el esquema es de Asociación Público Privada donde el inversionista pone el dinero y lo recupera con las ventas. Pero, ¿cómo lo recupera si el consumo por hogar es bajísimo y los clientes no pueden pagar la tarifa establecida?

La “solución” de Proinversión es muy simple: se otorgará un subsidio que lo haga rentable. Ganará la licitación el postor que pida el menor subsidio. Brillante idea. Todos pondremos de “nuestra platita” para que el empresario “se anime” a invertir con la garantía de una tasa de retorno, digamos del 12% (sector eléctrico).

Cuarto, desde el 2005 hasta hoy no hay gas en Ayacucho, a pesar de que el tubo de Camisea pasa “al lado”. ¿Por qué? Porque los postores dicen que el subsidio a otorgarse es “insuficiente”. La enésima licitación sería este setiembre, pero ya se sabe que tampoco hay interesados (Semana Económica, 18/06/2019).

El esquema de APPs no funciona pues el gas no tiene rentabilidad económica pero sí una enorme rentabilidad social. Por eso se ha masificado con inversión pública en Argentina, Bolivia y Colombia (60, 80 y 40% de su población), a través de las estatales petroleras. En Colombia, ya masificada, el gobierno decidió “desinvertir” en parte, dando paso a empresas privadas que, hoy, están en el Perú.

Es necesaria una Autoridad Nacional de Masificación. Hoy en Lima los precios del gas son más bajos y hay subsidios del FISE para la conexión, mientras que en Arequipa y Chiclayo los precios son más altos y no hay FISE. Corolario: hay rentabilidades relativas distintas en las regiones, lo que ahonda el centralismo. Terrible.

Eso sucede porque Lima se alimenta del gasoducto TGP, mientras que el norte, el sur y el centro (cuando llegue) lo hacen con camiones cisterna, encareciendo el precio final. Se necesita el gasoducto sur peruano y una red interna para alimentar, no solo los hogares sino las futuras industrias.

Hay que hacer como Bolivia y Colombia. No más esquemas “ideologizados” que, en proyectos de rentabilidad social, no funcionan (igual con la Red Dorsal de Fibra Óptica, que tampoco está llevando Internet a las zonas rurales). Es increíble que los puneños tengan que recurrir a Bolivia (que ha hecho las cosas bien) para tener gas en sus hogares. Si cambiamos de “chip”, también lo podemos hacer. Si no, tenemos para 15 años más sin gas.

El proyecto de masificación del gas natural —que según ProInversión sería adjudicado en el II semestre del año— tampoco generaría el suficiente interés del sector privado porque no estaría garantizada la demanda, lo que podría derivar en que sea reprogramado o reestructurado. “Los proyectos que pueden demorar bastante son aquellos que tienen más sentido de alivio social, como el de siete regiones”, dice Arturo Vásquez, ex viceministro de Energía (Ver SE, 18/06/2019, http://semanaeconomica.com/article/sectores-y-empresas/conectividad/363225-cartera-de-app-se-vendrian-mas-ajustes-ante-retrasos-en-las-adjudicaciones/)