El mandil

“El mandil rosado es poco frecuente, pero como símbolo del apoyo a la causa femenina y de toma de distancia frente a los estereotipos de lo masculino, funciona muy bien”

Mirko Lauer
24 Jun 2019 | 5:07 h

Los historiadores le reconocen orígenes en la Biblia y en la mitología clásica. Además está asociado a la masonería, en cuyas tenidas representa el trabajo, y cambia según el grado del participante. Su difusión más amplia conocida ocurrió en el siglo XIX, cuando pasó a ser utilizado virtualmente por todas las profesiones, desde la gastronomía hasta la mecánica, pasando por la medicina.

A partir de un momento el mandil empezó a estar por todas partes, tan presente en la vida diaria que solo un estallido polémico, como el que hemos tenido hace poco, lo puede hacer notar. Nunca ha sido realmente una prenda de vestir, sino un instrumento de trabajo en tareas capaces de mancharnos la ropa. Por eso los intentos de hacerlo elegante han tendido a fracasar.

El mandil ha sido considerado femenino en occidente quizás porque las mujeres han dominado, y han estado dominadas por, las tareas de la cocina, y así ha sido una suerte de uniforme emblemático de ese confinamiento. Se recuerda el mandil de la madre, pero nadie que se sepa se ha dedicado a evocar el mandil de un mecánico o un enfermero.

El salto occidental del mandil hacia la masculinidad se produce con el auge de las parrilladas en los EEUU en el mundo. El padre se apropia de la prenda y se la cala para liderar a familia y amigos en una ceremonia de raíces arcaicas: es el hombre quien trae al animal cazado a casa, y oficia en su reparto junto al fuego.

Hoy circulan mandiles para todos los gustos, y eso ciertamente incluye los llamados mandiles militares, con diseños de camuflaje o parodias de uniformes regimentales establecidos. Incluso hay uniformes de combate que traen mandiles protectores de cuero, y ahora último algunos de aluminio para enfrentar altas temperaturas.

Dicho todo esto, el mandil rosado es poco frecuente, pues el color no es bueno para disimular las manchas del trabajo. Pero como símbolo del apoyo a la causa femenina y de toma de distancia frente a los estereotipos de lo masculino, funciona muy bien. Como de hecho ha venido operando el color mismo en tantas prendas masculinas que ya no levantan ni una ceja.