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Alejandro Toledo fue detenido en Estados Unidos

La trenza derechista en su peor momento

Juan Carlos Tafur
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“El empresariado atraviesa por una seria crisis de reputación, los tecnócratas han salido en estampida del aparato estatal...”.

Si en el 2021 llegase al poder un candidato antimercado, no habrá malla de contención que lo reconduzca por la senda correcta. Si se afirman las tendencias disruptivas que las encuestas muestran, no existirá garantía alguna de que el modelo macroeconómico no estalle por los aires.

La antipolítica y la xenofobia, dos valores ciudadanos que pueden servir de cimiento para la edificación de un tablero no liberal, explican el hipo en las encuestas que ha mostrado esta semana el presidente Martín Vizcarra.

El hartazgo ciudadano respecto de este Congreso expresa una resistencia al orden político que nos ha gobernado en las últimas décadas, y se acompaña de una actitud irracional, como la xenofobia contra la migración venezolana que este gobierno ha decidido, irresponsablemente, atizar (CPI le otorga a Vizcarra un aumento de cuatro puntos en su aprobación; Datum, de trece puntos. La diferencia entre una y otra es la aparición del presidente en el aeropuerto deportando venezolanos, que solo fue medida por Datum).

Preocupa que esta disidencia creciente vaya a desembocar el 2021, en una apuesta por quien le ofrezca a los peruanos cambiar todo el statu quo, incluido el modelo macroeconómico que tan probados resultados sigue dando (sin reformas de segunda generación, la sensatez fiscal y monetaria nos permite seguir creciendo).

Cuando Alejandro Toledo gana las elecciones del 2001 no había claridad respecto de si iba a construir el segundo piso de las reformas de los 90 o si iba a primar su radicalización antifujimorista. Al final, Toledo no solo mantuvo el eje macroeconómico sino que profundizó algunas reformas (tratado de libre comercio con los Estados Unidos, eliminación de la cédula viva, etc.) acompañado de ese talante por Pedro Pablo Kuczynski, su ministro de Economía.

Algo parecido ocurrió con Alan García. La gente votó por él aterrada por la posible victoria del entonces chavista Ollanta Humala, pero no había certeza si acaso mantenía vivos algunos impulsos heterodoxos como los desplegados en su primer gobierno. Sin embargo, cuando García llega al poder despeja todas las dudas y designa a Luis Carranza como titular del MEF, quien no solo se mueve dentro de los cauces del modelo macroeconómico sino que ejecuta una agresiva campaña de estímulo a la inversión privada.

Cuando Ollanta Humala logra el triunfo en el 2011, subsistían serias dudas a pesar de su abandono de la Gran Transformación, pero el nacionalista zanja con las inquietudes nombrando como ministro de Economía a Luis Miguel Castilla, economista ortodoxo que se tragó algunos sapos, pero supo mantener el orden fiscal y monetario.

PPK, Carranza y Castilla llegaron gracias a una eficaz presión de la trenza fáctica constituida por gremios empresariales, tecnócratas liberales y medios de comunicación (la mayor parte de la prensa peruana es derechista). Esta trinidad encauzó las tendencias excéntricas que tanto Toledo, como García y Humala pudieran haber albergado.

Esa trenza, sin embargo, se halla en su punto más bajo de influencia. El empresariado atraviesa por una seria crisis de reputación, los tecnócratas han salido en estampida del aparato estatal y los medios de comunicación transitan, sin horizonte a la vista, por la peor crisis de su historia.

La del estribo: el reconocido oficio del escritor Alonso Cueto logra una de sus mejores expresiones en La Perricholi. Reina de Lima. Los aficionados a la ficción histórica valoramos la investigación que la antecede, más aun cuando viene acompañada de una prosa solvente.