Fanáticos, comisarios y prisioneros

Augusto Álvarez Rodrich.
11 06 2019 | 00:17h

“Acepté el artículo de Tito con gusto previendo que sería discrepante de mi opinión. La verdad, fue por eso que me pareció interesante para mis lectores”.

Una expresión decadente de una sociedad es la dificultad para debatir sobre asuntos cruciales donde hay posiciones enfrentadas y hasta extremas, pues implica que la única posibilidad de avanzar es mediante la imposición de una parte.

Como ocurre hoy en el Perú en temas como la necesaria reforma política o la defensa indispensable de los derechos y oportunidades de las personas discriminadas por raza y otros segmentos relegados como mujeres o LGTBI.

El periodista Víctor Hurtado –buen amigo mío desde que colaboraba en el Perú.21 que yo dirigí– me solicitó publicar su comentario en este espacio sobre la declaración del congresista Carlos Bruce sobre el presidente Martín Vizcarra. Desafortunada por el prejuicio de que un provinciano solo valdría en una plancha por venir de donde viene y no por su propia capacidad.

Acepté el artículo de Tito con gusto previendo que sería discrepante de mi opinión. La verdad, fue por eso que me pareció interesante para mis lectores. Su comentario también se ocupó de las cuotas y la paridad, asunto en el que también discrepo de mi invitado.

Su comentario produjo incomodidad en algunas personas legítimamente comprometidas con causas valiosas como la defensa de los derechos y oportunidades de todas las personas, no solo contra Hurtado sino, también, contra mí por la ‘complicidad’ de publicar opiniones discrepante de las suyas.

Eso ocurre hoy en el Perú en casi todo, desde la reforma política; la paridad y las cuotas; o el desarrollo del aeropuerto de Chinchero, por solo citar algunos casos donde hay gente que no quiere debatir sino solo ganar por W.O. y el desprestigio del que está al frente.

Este columnista apuesta por el debate incluso entre extremos, pues ayuda a avanzar y a mejorar el argumento.

Quizá sea porque aprendí a hacer periodismo en la revista Debate a inicios de los años ochenta, hace mucho tiempo ya, cuando la confrontación de ideas era valiosa, y no había estas ‘redes’ de hoy donde abundan los agravios y escasean las ideas por parte de comisarios de su fanatismo –de izquierda y derecha– que deciden quiénes pueden opinar y a quiénes silenciar, y que son, al mismo tiempo, prisioneros de su propio miedo a confrontar ideas.