A pesar de todo

Jorge Bruce
10 06 2019 | 00:11h

Olvidamos que, por trillada que sea la frase, el Perú es más grande que sus problemas.

En el fragor político en el que estamos sumidos, sin saber adónde nos conducirá esta sorda contienda entre los poderes del Estado, olvidamos que, por trillada que sea la frase, el Perú es más grande que sus problemas. Vaya que son problemas serios.

Tenemos una mafia enquistada en el Legislativo y el Judicial, operando desde hace tanto tiempo que los han infiltrado y corroído hasta la médula. A diferencia de lo que ocurre con el Ejecutivo, cuyos aciertos -como la cuestión de confianza- son apoyados por los sectores demócratas, y sus desaciertos -como las medidas xenófobas contra los inmigrantes venezolanos que huyen de una realidad atroz- son criticados duramente por estos mismos sectores, la mafia se defiende sin pudor alguno. Pues para ellos es una cuestión de supervivencia encubrir a Chávarry o a congresistas corruptos.

No obstante, el Perú no es el Palais Concert, como ironizaba Valdelomar. El sábado que acaba de pasar lo vi con mis propios ojos. Se inauguró el Centro Cultural Amador Ballumbrosio en la localidad de El Carmen, Chincha. Dicho centro ha sido construido con el apoyo de mucha gente que puso su grano de arena y cariño. Pero sin duda los líderes del proyecto son los integrantes de la familia Ballumbrosio, y en particular la pareja de Miguel y Silvia.

Mientras cenábamos sopa seca (carapulcra con fideos y pesto, también llamada “manchapecho”), generosamente invitada a todos los presentes, miembros de la comunidad carmelitana y algunos invitados como el suscrito, tocaba Perú Jazz y Jean Pierre Magnet. Luego vino el turno de Miki González, gran y antiguo amigo de los Ballumbrosio, grandes músicos (como Miguel, César o Chevo) que los acompañaban en el estrado.

Si doy algunos detalles de esta fiesta entrañable, es para tener una idea de la atmósfera que reinaba en el acogedor recinto. Ese sentimiento de apertura al otro y amor por la cultura afroperuana, se podía percibir físicamente. El legado de Amador Ballumbrosio está vivo. Es una herencia de pasión por la música, la identidad, la dignidad, la amistad.

No en balde Amador, a quien no tuve el privilegio de conocer, es una leyenda (pueden verlo en la conmovedora película Kachkaniraqmi, Sigo Siendo, de Javier Corcuera).

Recuerdo haber leído a Julio Ortega citando a Alfonso Reyes: “En algún momento, toda aldea es Atenas”. A esto se refería.