El sentido de hacer política

Sigrid Bazán
29 05 2019 | 00:30h

“Lo primero es devolverle el sentido a hacer política. Construir movimientos políticos no es constituir organizaciones criminales”.

Un movimiento telúrico es cosa seria, pero cuando el Congreso está remal, sus congresistas no hacen más que dar el ejemplo. ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra? Pues bueno, cuando la legisladora Yeni Vilcatoma demostró que no sabía ni dónde quedaba el Centro de Operaciones de Emergencia Nacional (COEN) la cara se me caía de vergüenza. “No merecemos esto”, pensaba. Cuando publicó fotos “inéditas” de los daños causados en Loreto, cuando en realidad eran fotos del sismo chileno del 2014, solo quería que me tragara la tierra. Ya para cuando explicó que las fotos las había enviado el “prefecto” de Iquitos –cuando ese cargo ni siquiera existe– solo quería llorar.

He tenido cara a cara a personajes como la señora Vilcatoma, o digamos, de la misma escuela. Agitan treinta papeles en tu cara y te piden que “pruebes” lo que les preguntas, porque ellos andan con “pruebas” (abanicándose con sus informes). La señora Bartra anda bajo el brazo con el fajo de documentos de su Comisión Lava Jato, hojas objetivamente intrascendentes para el trabajo de la Fiscalía. El señor Mamani no trae consigo ni su dignidad. Son tres las denuncias contra el congresista primerizo: por lavado de activos en Puno, falsedad ideológica y genérica y por tocamientos indebidos. El señor Chávarry lleva a sus dos abogados y un discursito político muy sonado últimamente, casi un manual de cómo hacerse la víctima. 

Entre ellos mismos manejan sus destinos, el destino de la justicia. Esta es la representación de todo lo que anda mal en nuestra política. Cuando parece que la única motivación de todo emana de la corrupción o del puro interés personal. Esto es lo que toca cambiar. 

Me quedó claro que lo primero es devolverle el sentido a hacer política. Construir movimientos políticos no es constituir organizaciones criminales, es mas bien la oportunidad más importante de hacer grandes reformas. Cuando escuchemos a un Chávarry (o a cualquiera) decir “soy una persona apolítica”, sepamos que en esa frasecilla siempre hay gato encerrado. Y recordemos a Brecht cuando decía que el peor analfabeto es el analfabeto político, el que no sabe que “de su ignorancia política (...) nace el peor de los bandidos, el político trapacero, granuja, corrupto y servil…”.