Intolerancia y regresión

Jorge Bruce
27 May 2019 | 0:50 h

El levantamiento de escudos contra el dibujo del eximio Carlín no solo provino de las canteras fujimoristas, como era previsible.

Dos ejemplos recientes permiten mostrar cómo la intolerancia y el subdesarrollo se retroalimentan. El primero es la caricatura de Carlín en donde la congresista Rosa Bartra, ataviada con traje de dominatriz, flagela al primer ministro Salvador del Solar, mientras arroja a la papelera el proyecto de reforma política. El segundo es la excelente película peruana Retablo.

El levantamiento de escudos contra el dibujo del eximio Carlín no solo provino de las canteras fujimoristas, como era previsible. Una serie de personas ajenas e incluso contrarias a ese movimiento hicieron lo propio. Entre ellas varias feministas. Carlín, en una entrevista en La República, se ha mostrado apenado por esa reacción, pues se declara feminista. Es preocupante la dificultad para decodificar adecuadamente el trabajo del caricaturista. Me refiero sobre todo a personas cuya preparación debería permitirles leer la metáfora y no atascarse en el nivel concreto.

En una relación sadomasoquista el placer es de ambos integrantes de la pareja. El goce es complementario aunque de signo diferente. Ese es el genio del dibujante: señalar que el Gobierno también está disfrutando su posición de sumisión. Al enfocar los reflectores en la sexualización de Bartra por ser mujer, niegan la de Del Solar. Los remito a la serie de Netflix, Billions, para que entiendan mejor esos juegos de roles. El clima de exacerbación explica en parte esa lectura reacia a la abstracción. En el legítimo afán de erradicar el machismo omnipresente en nuestra sociedad, se cae en discursos de barricada que poco o nada aportan a la comprensión de la complejidad de los vínculos humanos, incluidos los políticos.

La película Retablo nos confronta, gracias nuevamente a la capacidad del arte de llevarnos a donde no pensábamos llegar (como lo hace Carlín), con la violencia de la homofobia que mata la creatividad. Otra metáfora. Esas pulsiones transgresoras de las prohibiciones del sentido común imperante –que aparecen en una pesadilla de Segundo, el hijo adolescente del retablista Noé– son el sustrato del arte. Pero asustan y por eso requieren ser sublimadas. La película exhibe con suma delicadeza y a la vez extrema crudeza esa dinámica conflictiva en la que todos vivimos inmersos, lo sepamos o no. Los fanáticos de CMHNTM harían bien en verla. Ojalá los haga pensar.