Sin y con la corrupción

Gabriela Wiener
24 05 2019 | 00:17h

“Urge un cambio de mentalidad. Urge decir adiós a la vieja política. Urge un compromiso serio con la transparencia de una vez por todas”.

Que Yeni Vilcatoma presente un programa de televisión llamado “Sin corrupción” es como que un abusador sexual dirija una campaña contra la violencia de género. O que Laura Bozzo, imagen televisiva del fujimontesinismo golpista, nos venga a anunciar que ahora vivimos en una dictadura. O que un Donayre defensor de su glorioso ejército le robe la gasolina y huya para no cumplir con la justicia. ¿Qué nos pasa?

Paren un poco, por favor. Dejen de ser tan fantoches. Esta cultura de la doble moral en la función pública, este devenir hipócrita del discurso, esta concupiscencia por más y más poder a cualquier precio, parecen ser los emblemas de los que ostentan alguna influencia en el Perú. Ojalá se callaran, pero encima predican lo que está en las antípodas de su práctica política. Lo peor es que les damos espacio: los eligen, les pagan bien, los blindan. Se infiltran en la administración, en el Estado, en las organizaciones, ganan privilegios, prestigio, inmunidad, pero solo para que la institucionalidad les sirva de trinchera, de escondrijo y de pantalla.

Se camuflan para usar al sistema según sus propios y mezquinos intereses en pos de seguir perpetrando o apañando el delito. Y así pervierten y deslegitiman el sentido de sus funciones, por ejemplo servir a los ciudadanos, estar del lado de las mujeres y población vulnerable, trabajar por el cambio.

La conclusión trágica es que la doble norma de sus acciones afecta la convivencia, nos fuerza a relacionarnos socialmente desde una confianza inevitablemente rota que cada vez es más difícil de recomponer. Que personas que son antiderechos, antivalores, violentas, antidemocráticas, corruptas, abusivas, intenten convertirse en adalides de lo correcto y justo, solo revela que lo que está mal aquí también se pudre y apesta. Urge un cambio de mentalidad. Urge decir adiós a la vieja política. Urge un compromiso serio con la transparencia de una vez por todas.