Clase media e informalidad

Dos datos sobre la inclusión precaria en el Perú.

Dos datos sobre la inclusión precaria en el Perú.

Dos datos recientes plantean interrogantes válidas respecto a la cohesión social en el Perú y la evolución de los indicadores sobre el bienestar y el desarrollo. Por un lado, el Instituto de Economía y Desarrollo Empresarial (IEDEP) de la Cámara de Comercio de Lima (CCL) revela que el crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI) de 4% y el avance de la reducción de la pobreza a 20,5% en el año 2018 contribuyeron a la consolidación de la clase media, que creció 4,5% ese año con respecto al 2017, sumando 14,4 millones de peruanos, cifra que representa el 44,7% de la población.

Por otro lado, sin embargo, el reciente informe sobre el mercado laboral nacional, del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), revela que los peruanos que en el último año tienen un empleo informal suman 8 millones 646 mil –para el período entre abril 2018 y marzo 2019–,  una cifra mayor en 2,9% frente al mismo periodo previo; es decir que, en términos absolutos, 240 mil peruanos se han incorporado al mercado laboral informal en el último año.

La relación entre ambos datos ofrece un cuadro en el que emergen con claridad otros dos datos cruciales para el desarrollo del país, que son la disminución de la pobreza y el crecimiento del PBI, ambos en una dinámica en que a más crecimiento menos pobreza, un ciclo experimentado desde el año 2002, en el que también son decisivas las políticas sociales.

No obstante, los datos de la Cámara de Comercio de Lima indican que del total de peruanos que conforman la clase media, la mayoría, casi dos tercios, se ubica en el segmento denominado “clase media baja”, es decir, aquellos que por sus ingresos pueden estar muy cerca de recaer en la pobreza. Este dato se relaciona con otro suministrado por el informe del INEI, en el sentido que, a nivel geográfico, el empleo informal creció en mayor medida en la costa del país, a tasas muy por encima de la sierra y la selva.

De estos datos emergen tanto la certeza de las dificultades para la creación de empleo, formal e informal, en la sierra y la selva, así como el desafío de la creación de empleo con derechos para los trabajadores. Se entiende que, en esa dirección, la informalidad no aparece como una alternativa para amplias zonas del país, en tanto que donde se ha incrementado esta condición laboral, el resultado es una inclusión limitada y precaria. En esta dirección, ambos datos, el de la clase media y el empleo temporal, esperan la formalización como respuesta inclusiva sostenible.

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