Mi columna del 5 de enero de 2013

Augusto Álvarez Rodrich.
16 May 2019 | 0:32 h

El origen del financiamiento de la campaña por el ‘No’.

Los que creemos que el intento de revocar a Susana Villarán responde a objetivos subalternos y que su financiamiento es oscuro, no podemos dejar de exigirle a la alcaldesa de Lima, con el mismo rigor, que sea totalmente transparente en las cuentas de la campaña por el ‘no’.

Hace un mes entrevisté, en el programa ‘Buenas Noches’, a Anel Townsend en su entonces flamante condición de vocera y coordinadora del ‘no’ a la revocatoria, y las primeras preguntas fueron si Luis Favre sería –como entonces ya se rumoreaba– el estratega político de la campaña, el costo estimado de la misma y el origen del dinero para financiarla.

Sobre Favre, dijo que no se le había contratado, lo cual podía ser comprensible pues, entonces, el compromiso aún no estaba cerrado.

Pero lo que no me dejó una buena sensación –y así se lo hice notar a Townsend durante la entrevista– fue que, en su condición de vocera del esfuerzo, no tuviera una respuesta clara, inequívoca y contundente sobre el costo previsto de la campaña por el ‘no’, ni sobre el origen del financiamiento de la misma.

Primero, por un sentido elemental de transparencia y, segundo, porque si eso constituye un cuestionamiento legítimo a los revocadores, pues se sospecha de financiamientos provenientes de sectores mafiosos, pues, con mayor razón, se debería ser muy cuidadoso en este asunto.

A solo diez semanas de la votación para aceptar o rechazar la revocatoria en el municipio de Lima, ya debería haber claridad sobre el origen del financiamiento de las campañas por el ‘sí’ y el ‘no’. Lamentablemente, esto aún está pendiente.

Por un lado, los ‘turboaudios’ en los que aparece hablando el mascarón de proa de la revocatoria permitieron constatar la turbiedad del financiamiento de esta campaña y lo subalterno de su motivación.
Por el lado del ‘no’, ojalá que esta vez no ocurra lo que sucedió cuando Luis Favre fue asesor de la campaña 2011 de Ollanta Humala, en la que se declaró gastos por más de U$8 millones, los más altos de la competencia, según lo registrado en el JNE.

La sospecha que nunca se dilucidó fue una conexión indebida con intereses empresariales brasileños del tipo Aurelio: ‘ya me pagas cuando ganes’. En este sentido, sería fatal para Villarán conocer que la campaña del ‘no’ la estén pagando algunos contratistas del municipio de Lima.

La total transparencia en el financiamiento de las campañas electorales –y esta revocatoria lo es, sin la menor duda– es crucial porque está comprobado que esta es la fuente principal de la corrupción en la política, en el Perú y en la Conchinchina.

Por ello, hay que ser igualmente exigentes con los del ‘sí’ y los del ‘no’.