La traición de los "correctos"

René Gastelumendi
16 05 2019 | 00:32h

El golpe es mayor cuando alguien no cumple con lo que prometió hasta la saciedad y parecía que lo iba a cumplir.

El golpe es mayor cuando alguien no cumple con lo que prometió hasta la saciedad y parecía que lo iba a cumplir. Se autodefinían como diferentes frente a sus competidores y frente al pasado, como la gran oportunidad del cambio.

Eso es lo que ha pasado con Toledo, primero, y ahora con Susana Villarán, dos golpes mayores a la esmirriada moral del país. Ambos están ahora acorralados por pruebas y testimonios que terminaron por aniquilar cualquier posibilidad de redención porque estamos hablando de viles traidores.

Cada uno en su momento, se arrogó ser el ansiado puente hacia la decencia, hacia la política sin cálculo, en donde, por fin, el interés común primaría sobre el individual. Ofrecieron gestiones en donde la coima y la cutra iban a ser fantasmas de otros tiempos, porque ellos encarnaban lo distinto, lo “correcto”.

Sin embargo, vemos ahora dónde es que están: uno fugado y la otra en prisión luego de haber negado hasta el hartazgo cualquier posibilidad delictiva. Cuando quienes en su momento representaban una gran diferencia y fallan luego, el daño que producen es mucho mayor que el provocado por sus tradicionales rivales electorales sobre quienes ya recaían sospechas y hasta certezas, pero no tenían la capacidad de quebrarnos la moral porque estábamos avisados (roba, pero hace obra).

Ambos personajes, más que los otros imbuidos en Lava Jato, han dado el pretexto perfecto para que la población ahora esté más segura que nunca, de que todos, todos los políticos, son corruptos.