¿Se puede ser honesto en política?

Augusto Álvarez Rodrich.
15 05 2019 | 00:14h

La reforma político-judicial reduciría la corrupción.

La constatación de que la corrupción política no tiene fronteras definidas por la ideología sugiere que el problema no sería solo de personas, sino, también, de reglas del juego.

Con la confesión de Susana Villarán y los hechos que se conocen, la izquierda sufre un traspié importante, pero no es la única persona de ese sector en problemas, como sugiere –en el otro lado de la zurda– el caso de Gregorio Santos, para no hablar de tanta gente que se viste de ‘izquierdista’ y acaba enlodada. Por ejemplo, el Alan García de su primer gobierno como bien lo ha documentado Pedro Cateriano; u Ollanta Humala con el financiamiento de campaña otorgado por Odebrecht.

‘Izquierda’ es una etiqueta para gente muy distinta, como ocurre en ‘la derecha’, donde también concurren muchas personas con problemas judiciales, desde Pedro Pablo Kuczynski hasta Lourdes Flores, pasando por García II, Alejandro Toledo, o el fujimorismo de Alberto y Keiko Fujimori.

Desde 1985 en que acabó el segundo gobierno de Fernando Belaunde, hasta hoy, son pocas las figuras políticas de primera línea ilesas en la justicia. Una excepción es Valentín Paniagua, quien, sin embargo, llegó a Palacio por accidente y fracasó cuando quiso ganar una elección presidencial.

¿Es la política peruana estructuralmente corrupta? ¿Es casi imposible ganar una elección o mantenerse en política sin vincularse al dinero turbio?

Hay, sin duda, personas que entran en política solo para llenarse el bolsillo de dinero con el ejercicio del poder. 

Estas pueden ser, incluso, gente que quiere gobernar en beneficio de la sociedad, sin reconocer que la corrupción perjudica especialmente a los ciudadanos más pobres a quienes dicen defender. Es más, puede ser gente que se considera tan valiosa para la sociedad, que llega a justificarse que deba robar para mantenerse en política.

Hay, también, gente que se mete en política con muy buena intención, pero que no sabe decir ‘no’ al dinero turbio cuando las papas queman.

Siempre habrá ladrones en la política, como gente honesta, pero el cambio de reglas reduciría la acción de los sinvergüenzas, lo cual confirma la urgencia de una reforma político-electoral-judicial, es decir, de las reglas del juego.