El espía del inca

Roberto Ochoa
15 05 2019 | 00:15h

Diez años le costó a Rafael Dumett escribir este libro de lectura obligada. 

Página 743. Se acabó la novela. Hace tiempo que no sentía esa desazón ante el final de un libro. No quiero que termine.

Diez años le costó a Rafael Dumett escribir este libro de lectura obligada. El autor es lingüista y dramaturgo. Ambas facetas se hacen notar en esta obra magna publicada por Lluvia Editores.

Los quipus son el cordón que ata toda la historia. Durante su lectura pensaba en que la industria textil es la base de la identidad peruana. No sólo se inventaron especies como la llama y la alpaca. No sólo se tejieron esas maravillas halladas en los fardos paracas, moches, wari, chincha, nasca o incas. Hasta la escritura fue tejida en esas finas cuerdas de lana o de algodón polícromo.

El libro no tiene capítulos, tiene cuerdas. Empieza con “Primera cuerda: blanco entrelazado con negro, en Z” y termina con “Cuerda de quinto nivel (adosada a la cuarta): blanca, en Z, hecha de cabello humano”.

Está ambientada en el triste final del Tawantinsuyo y en el nacimiento del Perú: un espía con dotes matemáticas y entrenado en la llacta-ombligo (Cusco) tiene la misión de organizar el rescate de Atahualpa. No hay personajes buenos y malos. Hay humanos. Algunos capítulos están escritos en castellano del siglo XVI. Decenas de nacionalidades andinas aparecen en la obra.

Durante su lectura imaginaba que el libro da para una serie de Netflix o una buena película. Una ficción histórica bien narrada y escrita por un peruano erudito.