El Informante: Caminos fantasmas, por Ricardo Uceda

La República
13 May 2019 | 21:00 h

El aeropuerto de Chinchero en el aire más que nunca. Un proyecto que es y no es. La Contraloría aparta el cuerpo. Todo está suspendido hasta la elección de un nuevo concesionario. Una ministra en silencio.

Un compás de espera no exento de incertidumbre existe en torno de la construcción del aeropuerto de Chinchero. Un nuevo concesionario reemplazará al consorcio Kuntur, bajo la sombra de un acuerdo entre el gobierno peruano y un extranjero, según el presidente Vizcarra. No hay un expediente técnico vinculante. El que está en el Ministerio de Transportes y Comunicaciones (MTC), elaborado por Kuntur, podría ser inútil.

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Una fuente de la Contraloría que supervisa proyectos especiales comentó:

–El proyecto está en el aire. El nuevo concesionario podría decir: no deseo este expediente técnico sino hacer uno propio. Y sería razonable.

Cira o no Cira 

El contrato con Kuntur fue rescindido en 2017. Vizcarra, quien como ministro en el MTC renunció ante las críticas, como presidente anunció que el proyecto se realizaría de todos modos. Por otra parte, palpita la evidencia de que en el Ministerio de Cultura hubo festinación de trámites para apurar el inicio de las obras. Autorizó actividades sin haber expedido un Certificado de Inexistencia de Restos Arqueológicos (CIRA) con arreglo a ley. Es requerido para cualquier obra que implique excavaciones en algún territorio nacional.

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Un CIRA era ineludible para el aeropuerto de Chinchero, que será construido en el Valle Sagrado de los Incas, declarado Patrimonio Cultural en 2006. Doce años después el ministerio no ha realizado un catastro del área, estableciendo límites y extensión de las evidencias arqueológicas, según la respuesta que dio, en abril pasado, a una solicitud informativa de la historiadora Natalia Majluf. Esta delimitación es indispensable para iniciar cualquier obra.

Sin excepciones

Es posible hacer construcciones en un territorio con restos arqueológicos siempre que estos hayan sido previamente identificados y exista un plan de rescate de los mismos. En ese caso, luego de un Proyecto de Evaluación Arqueológica (PEA), el ministerio otorga un CIRA que excluye la zona que será objeto de protección. Aunque los más destacados especialistas se oponen al aeropuerto en Chinchero porque destruiría un escenario cultural milenario, su construcción es posible en el agujereado marco jurídico existente para el patrimonio cultural. Bajo determinadas condiciones. El CIRA es ineludible, salvo excepciones previstas en la ley.

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Chinchero requiere un CIRA porque su territorio no permite ninguna de las excepciones legales. Solo en cinco casos un área está exceptuada: tiene CIRA, fue catastrada, o se ubica en zona urbana, o subacuática, o sobre infraestructura preexistente. En 2012 el ministerio aprobó un informe final del PEA del proyecto presentado por Trashumantes –una empresa contratada por ProInversión– pero indicando que no era posible otorgar un CIRA por la evidencia de caminos prehispánicos.

“Sendas en el pasto”

El PEA identificó tres caminos prehispánicos, trece coloniales y de un total de quince que había en la zona, inmersa en el principal sistema vial incaico (Qhapac Ñan) entre Cusco y Machu Picchu. Una investigación realizada por la historiadora Gabriela Ramos revela que la correspondencia entre Trashumantes, el Ministerio de Cultura y ProInversión, menciona desigualmente a estos caminos, considerándolos tanto incaicos como senderos desprovistos de significación. Pero no puede ignorar el hecho de que el aeropuerto los invade. Trashumantes, por ejemplo, señala que el camino inca Alpachaca-Raqchi se halla en el área este del terreno del proyecto. Otro, Maras-Ñan, cruza por el centro la poligonal del aeropuerto.

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En la correspondencia queda claro que Trashumantes propone “Monitoreo Arqueológico” –hacer las cosas tratando de no romper nada– en vez de CIRA. Cuando el ministerio solicitó precisiones sobre el daño que causaría el proyecto (carta a ProInversión del Director de Arqueología, Luis Cáceres) la respuesta de Lucía Balbuena, de Trashumantes, fue que el daño sería directo, pero sobre caminos sin valor arqueológico: “sendas o simples huellas entre el pasto natural”. Por eso Trashumantes pedía hacer un Plan de Monitoreo “de no ser factible la emisión del CIRA”.

Silencio cultural

Quizá un plan de rescate de un camino inca de protección obligada hubiera sido imposible, complicando en extremo el proyecto. Ya vimos que el aeropuerto inutiliza a dos. Apurado por la presión política, el Ministerio de Cultura resolvió ilegalmente la contradicción. Como había caminos incas dijo que no podía dar el CIRA, pero al mismo tiempo ordenó que en el futuro plan de monitoreo se delimitaran dichos caminos antes de las obras. Cuando le pidieron CIRA para un terreno adicional del proyecto, tampoco lo dio, arguyendo que el Valle Sagrado de los Incas era patrimonio cultural. Lo cual tampoco exceptúa del CIRA a Chinchero, porque la zona nunca fue catastrada. La solución del ministerio fue “olvidarse” de que había un requisito como el CIRA. Al hacerlo pasó por alto la etapa procedimental contemplada por la ley para decidir técnicamente si los caminos incaicos en Chinchero debían, o no, ser protegidos.

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Mientras tanto, el MTC ha iniciado una remoción de tierras en Chinchero con arreglo a ningún expediente técnico. Pues formalmente hay ningún proyecto en ejecución. Está “monitoreado” sin CIRA por el Ministerio de Cultura, bajo parámetros desconocidos, y siendo visible el grave daño al paisaje, que además es víctima de una urbanización desenfrenada. Este caso trasciende la dación de un CIRA, pues revela vacíos legales que afectan la protección del conjunto de un patrimonio tan valioso. En cuanto a la ilegalidad, lo más notable es el silencio sobre el tema de la Ministra de Cultura, Ulla Holmquist, una de las historiadoras que protestó ante el presidente Vizcarra por la ejecución del aeropuerto. 

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