Desde Sodoma

"A mayor educación de la mujer, mayor autonomía para decidir cuándo y con quién quiere tener un hijo. A mayor autoestima, menos posibilidad de quedar atrapada en el terror cotidiano y silencioso de la violencia doméstica".

"A mayor educación de la mujer, mayor autonomía para decidir cuándo y con quién quiere tener un hijo. A mayor autoestima, menos posibilidad de quedar atrapada en el terror cotidiano y silencioso de la violencia doméstica".

Esta semana la ministra de Educación fue sometida a un ritual constitucional que tiene por objeto controlar políticamente al Poder Ejecutivo. La interpelación es uno de los mecanismos de balance de poder que busca explicaciones públicas y expresa el descontento de las minorías legislativas. O al menos, eso debería ser. Lamentablemente, lo que se vio fue otra cosa.

La mayoría fujimorista, capturada por voceros evangélicos, hizo despliegue de un conservadurismo decimonónico que puede ser tolerable en una democracia salvo cuando estas ideas afectan la salud pública sobre la base de un alarde de ignorancia supina. Porque como ya lo comentó mi vecino en estas páginas hace unas semanas, una cosa es creer que la tierra es plana y otra muy distinta creer que las vacunas “dan” autismo. Lo primero es inofensivo (y hasta cómico, por culpa de Marco Sifuentes he visto unos videos increíbles) pero lo segundo genera muy graves problemas de salud pública y por ello es delictivo.

Siempre he creído que nadie puede participar en un debate, una entrevista y hasta en la más modesta aula sin una mínima preparación. Lo que vimos en el Congreso fue un despliegue de improvisación parlamentaria construida sobre estereotipos, lugares comunes, argumentos ad hominem, creencias religiosas y miedos atávicos. Es decir, todo lo que un profesional con una pizca de rigor académico desdeñaría. Cuando una parlamentaria le grita “¡Vade retro!” (“Atrás Satanás”, fórmula usada en el exorcismo) al presidente Vizcarra como argumento de cierre a una intervención absurda sobre sexo y placer, ¿se puede plantear un debate serio sobre enfoque de género?

Hoy celebramos el día de la madre, así que usemos algunas cifras del INEI (ENAHO 2016) para ver el tamaño del problema, 8,740,000 peruanas son madres. El promedio nacional de niños por madre es 2.4. En las áreas urbanas 2.2 y en Lima 1.9. A mayor ruralidad y menor nivel educativo, más temprano se tiene el primer hijo y más hijos se tiene. El embarazo adolescente está fluctuando desde hace una década en 13%. El 66% de las madres peruanas trabajan. Solo 10% tienen educación superior completa, 23% de hogares tienen a una mujer como jefa de hogar. Un tercio de las madres crían a sus hijos solas.

Esta es nuestra realidad materna. A más temprano el embarazo, menos posibilidades de completar la educación. A menor educación, menor remuneración y mayor número de hijos. De este modo se encierra a millones de mujeres peruanas, que crían a sus hijos solas, en la pobreza perpetua. Esta es la realidad fea del día de la madre. Realidad a la que es ciega el Congreso.

A mayor educación de la mujer, mayor autonomía para decidir cuándo y con quién quiere tener un hijo. A mayor autoestima, menos posibilidad de quedar atrapada en el terror cotidiano y silencioso de la violencia doméstica. A mayor conocimiento de su cuerpo, de sus deseos, de sus proyectos, menos posibilidad existirá de que se le impongan condiciones de vida que no quiere o no puede cumplir. ¿Dónde se puede aprender todo esto? En la escuela. Eso es educar con enfoque de género: romper los estereotipos que no son más que barreras de acceso, acabar con la discriminación con la que se ataca al diferente, educar en la sexualidad para que se ejerza con respeto por el otro.

Feliz día a todas las madres peruanas. En especial a las que quieren que sus hijas tengan un mejor destino, a pesar de este Congreso.

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