Una República que no avanza

Claudia Cisneros
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"Vizcarra tiene el deber y la responsabilidad de retomar y asegurar la reforma política lanzando una campaña que el público respalde".

El poder nunca desaparece, solo cambia de manos. Vizcarra lo tuvo mientras decidió ser frontal con el fujimorismo y el aprismo; les arrebató temporalmente el poder cuando el respaldo ciudadano lo legitimó en su ofensiva contra los grupos que desplegaban su agenda sistémica de corrupción e impunidad. El fujimorismo se ha demorado en levantar cabeza desde el encarcelamiento de Keiko pero finalmente se ha reorganizado.

El aprismo ha sido más rápido tras el suicidio de García. De hecho hasta ha usado su muerte para reconstituirse y junto con el fujimorismo cambiar nuevamente la correlación de fuerzas contra el gobierno. Otra vez el Legislativo dicta la agenda y retoma sus objetivos obstruccionistas para echarse abajo el sistema anticorrupción y la reforma política (que también tiene un componente anticorrupción). Desde la Comisión de Ética limpiaron a Becerril (caso ‘Hermanitos’); mientras que en la Comisión de Constitución metieron el proyecto de reforma política de Vizcarra en la mecedora con un calendario de debates hasta julio en que cambia la legislatura.

Desde la Comisión de Defensa el aprofujimorismo intenta descabezar al líder de la Diviac (coronel Colchado) que trabaja en equipo con los fiscales de #Lavajato. Y para el Tribunal Constitucional preparan sus ternas de dudosos candidatos para la renovación de 4 magistrados en junio. También trabajan en recuperar la presidencia del Congreso con Sheput .

La interpelación a la ministra de Educación ha sido un déjà vu a Saavedra, pero sobre todo un exhibición de musculatura política. El escenario camina otra vez hacia la exacerbación de contradicciones que pueden llevar de nuevo a una vacancia. El fujimorismo además consolida lazos con la ignorancia multitudinaria de CMHNM (que tiene muchos fieles y dinero pero no poder político), una nada despreciable base social atractiva tras su pérdida de respaldo popular de los últimos meses.

El aprismo no tiene más que perder. Sin García y con las investigaciones en curso, ya casi lo han perdido todo, excepto presencia mediática (gracias a una irresponsable prensa farandulera) que les da palanca política.

Mientras ambos grupos planifican sus estrategias de poder, desde el Ejecutivo la indigencia política asusta. Del Solar salió tardíamente a reprenderlos por el maltrato a la Diviac y respaldando el enfoque de género, pero es menos que suficiente. Se necesitan a gritos estrategia y fuerza. Demostraciones de poder que acompañen sus palabras; si no, es como gritarle al ladrón: malo, malo.

Vizcarra tiene el deber y la responsabilidad de retomar y asegurar la reforma política lanzando una campaña que el público respalde. Hacerse el muertito a estas alturas es irresponsable y un regalo para las mafias políticas que se alimentan de su debilidad. Si no sale de su letargo nos está condenando a más corrupción, inestabilidad política y social, y a un futuro impredecible.