Un cretinismo supremo

Raúl Tola
11 May 2019 | 1:00 h

"El propósito por el que la oposición la planteó la interpelación nunca fue la defensa de una juventud peruana amenazada por los avances de una supuesta conspiración sodomita"

La interpelación a la ministra de Educación, Flor Pablo, ha establecido un nuevo fondo para este Congreso plagado de fundamentalistas, corruptos, mediocres y conspiradores. La lista de 29 preguntas disparatas y mentirosas que se planteó ya hacía prever un adefesio, pero terminó ocurriendo algo incluso peor, que incluyó declaraciones de un cretinismo supremo.

La congresista fujimorista Tamar Arimborgo dijo que el ministerio de Educación «es Sodoma y Gomorra» y que «la función biológica del sexo es la reproducción y no el placer». ¿Quiso decir que el sexo debe ser una práctica fría, formal y mecánica, con el único propósito de engendrar y perpetuar la especie? ¿Que un orgasmo es un mero estímulo para la procreación o que —para hablar en sus términos— Dios se equivocó al introducir la variante del placer? ¿Que el erotismo, esa sublimación del impulso sexual producto de una evolución de siglos que ha motivado algunas de las mayores obras de arte de la humanidad, es una aberración y no debería existir? ¿Que en lo que respecta al campo de la sexualidad nada distingue al hombre de los animales, de los perros o las cucarachas?

Arimborgo se llevó la palma, pero no fue la única que contribuyó a alargar con sus disparates un debate necio y estéril. Carlos Tubino dijo que la palabra que más le preocupaba era «género», un concepto que está impulsando la asexualidad, puesto que «desde Alemania» se habla de cien variantes distintas del mismo. Julio Rosas dijo: «Un congresista dice que para que haya respeto entre las personas tiene que haber enfoque de género. Mentira. Para que haya respeto se necesita enseñar principios y valores».

La puesta en escena de la interpelación confirmó lo evidente. El propósito por el que la oposición la planteó nunca fue la defensa de una juventud peruana amenazada por los avances de una supuesta conspiración sodomita, sino el relanzamiento de las misma línea de hostilidades febriles que desde el saque debió soportar el gobierno de Pedro Pablo Kuczynski, ahora contra Martín Vizcarra. Como ocurrió entonces con Jaime Saavedra y Marilú Martens, se pone en juego la cabeza de la ministra de Educación, Flor Pablo, dando una muestra de los niveles de irresponsabilidad y egoísmo sobre los que se mueven Fuerza Popular y sus aliados, así como del oscurantismo, la ignorancia y la amenaza a la libertad individual que plantean como alternativa.