Confiar sin roche

Maite Vizcarra
06 May 2019 | 1:02 h

La confianza se fortalece también a través de las organizaciones civiles, siempre que no se queden en su propia agenda o la de quien la preside.

En el 2012, un grupo de empresarios me convocó para que fundemos un centro de innovación que promueva 24x7 la gestión de la innovación y transforme la productividad del Perú.

En ese tiempo me tocaba explicar en qué consistía la práctica, qué instrumentos usar y sobre todo qué elementos subjetivos –cultura para innovar– había que privilegiar. Siete años después, hoy, ya nadie duda de que la innovación se gestiona y hoy todas las organizaciones conocen instrumentos ad hoc.

Pero con todo, lo que no ha cambiado es la disposición real a innovar, entendiendo por ello la opción por probar cosas nuevas, explorar en las fronteras y arriesgar. Esa disposición es todavía muy tímida pese a que además ahora todos quieren innovar de manera “abierta”, o sea, involucrando al Estado, los ciudadanos, clientes, proveedores, socios, start-ups, etc.

¿Cómo lograr eso, en un país con tanta desconfianza como el Perú, según números del “Latinobarómetro”? La evidencia empírica muestra que los gremios pueden fortalecer la confianza si de verdad se compran el pleito de la asociatividad, que no es solo hacer “cabildeo”.

La confianza se fortalece también a través de las organizaciones civiles, siempre que no se queden en su propia agenda o la de quien la preside. Y, finalmente, la confianza se fortalece teniendo la “voluntad” de confiar, y aplaudiendo socialmente esa voluntad, aunque eso ya parezca demasiado “ingenuo”. Algún día morirá “Pepe el vivo” y llegará “Juanito el buenito”. Digo, no más.