Nava debe elegir entre delatar a García o sufrir prisión

Ángel Páez
01 May 2019 | 23:15 h

Como la espuma. En el primer gobierno de García, mientras actuaba como secretario presidencial de este, presidió Mutual Perú y tuvo problemas. Después de haber vendido dulces en su casa de Ascope, su patrimonio se disparó con inmuebles en San Isidro y La Molina.
 

El ingeniero Alexander Zegarra Chávez recordó perfectamente a Luis Nava Guibert cuando el exsecretario presidencial de Alan García compareció ante los tribunales para explicar por qué Odebrecht le había entregado 3 millones de dólares. Zegarra era vecino de Nava en la localidad liberteña de Ascope, donde el entrañable amigo y compañero de García nació el 19 de marzo de 1946. “Nava vivía en la misma calle Miguel Grau, cerca de la plaza de Armas. Todo el mundo se conocía. La gente debe recordar que la familia Nava era muy humilde. Todos sus hermanos vivían en la misma casa. La familia vendía postres, pero Luis Nava empezó a mejorar económicamente cuando fue parte del primer gobierno de Alan García. Incluso se compró una casa en La Molina”, recordó Zegarra. Con el primer gobierno aprista, y su estrecha amistad con García, la suerte de Nava cambió radicalmente.

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Al mismo tiempo que ejercía como secretario de García en Palacio de Gobierno, Nava actuó como presidente de Mutual Perú. Ejercía funciones cuando el 5 de febrero de 1988 compró un departamento de estreno en San Isidro por 600 mil intis de la época. Poco después, el 5 de septiembre del mismo año, hipotecó el inmueble a la misma mutual que presidía.

El 8 de febrero de 1993, Nava fue detenido y encarcelado bajo la acusación de haber desfalcado Mutual Perú mediante la repartija de 5.9 millones de dólares  a compañeros del Partido Aprista Peruano y amigos personales. poco después, el 26 de junio del mismo año, la Superintendencia de Banca y Seguros liquidó Mutual Perú por insolvencia. El dinero de los 300 mil asociados había sido dilapidado. Nava alegó razones de salud para internarse en una clínica, la misma petición que formuló durante la investigación del caso Odebrecht. Pero el pedido fue desestimado.

El primero de febrero de 1994, Luis Nava salió en libertad y acusó al gobierno de Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos de someterlo a una persecución política, un argumento que ha repetido durante la investigación de los sobornos de Odebrecht. La presunta persecución, sin embargo, no fue impedimento para que comprase un inmueble de 320 metros cuadrados en Las Lomas de La Molina Vieja por 46.8 millones de soles de la época. Y al año siguiente, el 8 de septiembre de 1995, constituyó la empresa Transportes Don Reyna, consignando como gerente general a su hijo José Antonio Nava Mendiola. Como lo había mencionado el ingeniero Alexander Zegarra, efectivamente, debido a su vinculación con el primer gobierno aprista, tuvo ingresos que mejoraron su status, lo que continuó en el segundo gobierno aprista de García. No obstantes los antecedentes que Nava tenía, lo designó nuevamente secretario de la presidencia, posición que no desaprovechó, según las delaciones de su propio hijo, José Antonio Nava, y de su íntimo amigo Miguel Atala Herrera. García, Nava y Atala mantuvieron una potente relación amical, como lo ha documentado La República.

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El 25 de julio del 2006, poco antes del inicio del segundo mandato de García, Nava renunció a la presidencia de Transportes Don Reyna y nombró en su lugar a su hijo José Antonio Nava, el mismo que fugó a Miami y desde esa ciudad delató a su padre. Al mismo tiempo que pagaba sobornos a Alan García por intermedio de Luis Nava, Odebrecht contrataba hasta por 24 millones de dólares a Transportes Don Reyna. Simultáneamente, García ordenaba direccionar las licitaciones de las obras públicas que le interesaban a Odebrecht.

Nava sufre el dilema de revelar las coimas pagadas a Alan García o mantener la lealtad al difunto expresidente con el silencio. Su familia y su vida están en juego.

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Una historia que se repite. Alan García nombró por segunda vez como su secretario presidencial a Luis Nava, a pesar de sus antecedentes. Ahora se sabe por qué.