Las víctimas de un "pasado que no pasa"

Alberto Adrianzén
02 May 2019 | 0:39 h

“La redención colectiva no es posible. Todos han sido, son o seremos ‘víctimas’ o los héroes son las víctimas”.

Hace unas semanas leí en el Facebook de un amigo nicaragüense un sentido homenaje a su hermano fallecido. Sin embargo, un fragmento me llamó la atención: “Fue un hombre solidario y demostró su solidaridad como voluntario de la Cruz Roja durante el conflicto fratricida de 1979 y posteriormente durante los años ochenta”. 

Cuando leí ese párrafo me pregunté por qué un militante sandinista que participó en el derrocamiento del somocismo redefine su pasado de una manera tan drástica. No habla de “revolución” y sí más bien de un “enfrentamiento fratricida” como si los que se enfrentaron en aquella revolución heroica, por cierto, fueron “hermanos”, por no decir iguales. Y si bien mi amigo sigue militando en el sandinismo, pero del sector opositor, pertenece al Movimiento de Renovación Sandinista (MRS), no creo ello que sea el único factor de este cambio. En qué momento y por qué un hecho esperanzador que estuvo y está destinado a crear una nueva vida, como es una revolución, se convierte para unos en su contrario: en una maquinaria de fabricar víctimas y en un “enfrentamiento fratricida”.

Enzo Traverso, en su libro Melancolía de Izquierda. Marxismo, historia y memoria (FCE: 2018), afirma que esto se debe a que el siglo XXI “nació como un tiempo marcado por el eclipse general de las utopías”. Así como el siglo XX nace marcado por la revolución rusa, “el siglo XXI, al contrario, se abre con el derrumbe de esta utopía… Las utopías del siglo pasado han desaparecido y han dejado un presente cargado de memoria, pero incapaz de proyectarse en el futuro… La historia misma se muestra (al fracasar el comunismo y ser equivalente al “totalitarismo”) como paisaje en ruinas, un legado viviente de dolor”. 

Estamos frente a un “pasado que no pasa” y a un “futuro que no puede inventarse”. El legado del pasado deja de ser una historia de luchas y jornadas heroicas para convertirse en un momento donde la violación de los derechos humanos y las víctimas son los hechos y actores principales de un pasado que “se reduce a un enfrentamiento binario entre verdugos y víctimas”. La guerra civil española, afirma Traverso, deja de ser un conflicto entre fascismo y democracia para convertirse “en una secuencia de crímenes de lesa humanidad”.

La víctima “ocupa el escenario de la memoria pública”, en tanto que las revoluciones dejan de representar el futuro para convertirse en las derrotas del pasado: “La memoria del gulag, dice Traverso, borró la de la revolución, la memoria del Holocausto reemplazó la del antifascismo y la memoria de la esclavitud eclipsó la del anticolonialismo: la rememoración de las víctimas parece incapaz de coexistir con el recuerdo de sus esperanzas, sus luchas, sus victorias y sus derrotas”. Una de las consecuencias de ello es la “victimización” como ideología y el reclamo al Estado como protector. La otra, es la permanente judicialización de la política porque la redención colectiva no es posible.  Todos han sido, son o seremos “víctimas” o los héroes son las víctimas.

Me parece que estos temas deben ser debatidos por las izquierdas, los colectivos feministas, los grupos de DDHH y otros. A lo mejor, como dice Tariq Ali, “tan solo el pasado puede abrir las puertas del futuro”.