Susana Villarán y la izquierda

Rocío Silva Santisteban
30 M04 2019 | 00:22h

Villarán se rodeó de un grupo que la secuestró. Se alejó de las bases de la izquierda.

La denuncia sobre la recepción de tres millones de dólares para la campaña contra la revocatoria del 2011 de Susana Villarán es una noticia que, personalmente, duele. Primero, porque conozco a Susana desde que era secretaria ejecutiva de la CNDDHH, por su historia de vida entregada a las diversas causas de los más pobres (Caja de Agua en 1970) y por su apuesta por la política activa, en momentos de desprestigio de la misma. Como ha dicho hasta Carlos Chipoco, ese dinero no ha sido para su enriquecimiento personal.

Sin embargo, ha sido un dinero mal habido.

Siendo ella alcaldesa de Lima en actividad esa solicitud a Odebrecht —por favores no verbalizados pero implícitos— hoy está destruyendo y enlodando a toda la izquierda peruana. Mi colega Nelson Manrique ha descrito el error cometido por Villarán cuando abjuró desde Madrid del pacto que se había inscrito en el JNE, de los líderes de su partido y de Patria Roja. Desde ese momento todo fue un desastre. ¿Qué pasó?, ¿por qué Susana Villarán terminó en el 2016 en una plancha con Daniel Urresti? Esperemos que los fiscales realicen su trabajo para entender con hechos concretos sobre el tema de corrupción pero sobre el otro punto tengo algunas ideas.

Mi hipótesis: en un momento, por lo que me comentaron varios amigos que trabajaban en la Municipalidad, Villarán se rodeó de un grupo que la secuestró. No hablaba con nadie más allá de ellos (ahora lo sabemos: José Miguel Castro y Gabriel Prado, entre otros). Se aconsejó de personas que se desesperaron por el poder, por la revocatoria y actuaron en desacuerdo con todos esos principios en los que Villarán se había formado. Pero desde esa carta madrileña Villarán se alejó de las bases, de la izquierda, de la línea correcta.

Lamentablemente ella se traicionó.

La revocatoria fue uno de los actos más prejuiciosos, usado para evitar que la nueva gestión no indagara en la opacidad de Castañeda. Ahora todo eso se ha olvidado, pero hubo muchos jóvenes que no recibieron ni un sol, y que apoyaron la campaña del NO con desinterés auténtico: estudiantes, obreros, trabajadores del MST, indignados ante una campaña feroz de la derecha bruta y achorada que descalificaba a Villarán con estigmas e infundios obra de sus mentes perversas. Uno de los diarios que hizo lo propio hasta las náuseas fue Correo dirigido por Aldo Mariátegui. El ataque fue sin igual.

¿Es una excusa para que Villarán se parapetara en esa trinchera de acólitos con una ética pragmática de tolerancia a la corrupción? No, ella eligió y erró: hizo mal y las consecuencias de esos actos le van a pasar una tremenda factura.