Alan García: “Yo no voy a permitir que me exhiban como un trofeo”

La República
18 04 2019 | 22:33h

Carta de Alan García | Las últimas 48 horas. Ante los rumores de una detención preliminar, Alan García resolvió que no dejaría que lo enmarroquen y le coloquen el chaleco de detenido.

Después de concluir la entrevista que concedió al periodista de Radioprogramas Carlos Villarreal Huayanay, que se produjo en la sede del Instituto de Gobierno y de Gestión Pública que dirigía, Alan García dictó una clase que no sería igual a las anteriores. Esta vez el expresidente, al concluir con su exposición, se despidió para siempre de sus 37 alumnos de la Maestría. Era la noche del martes 16 de abril.

"Bueno, queridos estudiantes, hemos terminado hoy día. No sé cuándo nos volveremos a ver. Parece que quieren detenerme, mil disculpas por eso. Si ocurre, designarán a otro profesor. Nos volveremos a ver... Claro, si es que no me sucede nada", les dijo.

Los alumnos lanzaron en coro un "¡Nooo!".

García ya había tomado la decisión.

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Guardaba un revólver Colt de 38 mm en el velador de su dormitorio. No era un arma cualquiera. Obsequiada por la Marina, la había usado para defenderse durante el golpe de Estado de Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos, en la noche del domingo 5 de abril de 1992. Para abrirse paso y escapar de un dispositivo de detención, disparó varias veces. Veintisiete años después, otra vez en abril,  recurrió nuevamente a la Colt, pero en esta ocasión para evitar ir a la cárcel. Se lo había confiado a su exasesor presidencial y secretario personal, Ricardo Pinedo Caldas.

"Un día en su casa me enseñó el revólver Colt y me contó: 'Esta arma me salvó la vida cuando me quisieron detener durante el golpe del 5 de abril. Si es el caso, volverá a salvar mi honor'", relató Pinedo a La República.

Pinedo fue uno de los personajes del entorno más íntimo de García que lo acompañaron hasta horas antes de la trágica decisión: "Los militares habían rodeado la casa de Alan García, por lo que subió a la azotea de donde hay un mirador y comprobó la presencia del Ejército. Luego, bajó y tomó el arma que le obsequiaron y empezó a disparar hasta terminar los proyectiles. En ese momento Alan García me dijo: 'Yo cuando disparé sentí poder', y terminó diciendo: 'Esa pistola me salvó la vida'".

Ricardo Pinedo fue un testigo excepcional de las últimas horas del exjefe del Estado. Confió a este diario las instrucciones que le dejó.

El último cigarrillo

"El domingo 14 de abril hablamos muchísimo porque el presidente siempre me consultaba qué me parecían los contenidos para subir a su cuenta de Twiter. Prácticamente hablábamos cada dos horas. Era tenerlo casi al costado las 24 horas, durante todos los años que hemos trabajado juntos. Ese día estábamos terminando sus memorias y estábamos en la etapa de selección de fotos", precisó Pinedo.

"El martes a las 6 y 30 de la tarde Alan García tenía una entrevista en directo con RPP, con Carlos Villarreal, y yo le conté que iría a la radio por invitación de Patricia del Río. Así que intercambiamos ideas de lo que íbamos a decir y reforzar los temas. Ese día martes nos tomamos un café en su despacho del instituto y fumó como siempre un cigarrillo Kent, que luego de dos pitadas lo rompía. Decía que era para que no le hiciera daño", recordó el secretario Pinedo.

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El abogado Erasmo Reyna Alcántara es otra de las personas del entorno del exmandatario aprista, a quien le confió su determinación. "La última vez que nos vimos para coordinar la defensa, y ante la eventualidad de una orden de allanamiento y detención, me dijo: 'Yo no voy a permitir que me exhiban como un trofeo. Nunca me van a ver enmarrocado ni con un chaleco de detenido de la Policía. Yo he sido electo dos veces presidente, ¡no lo voy a permitir de ninguna manera! ¡Que lo sepan!'. Estaba decidido a no ir a la cárcel", narró Reyna a este diario.

Lo esperaba el fiscal

A condición de no ser citado, un miembro de la escolta de seguridad del exjefe del Estado relató a este diario: "Yo lo que quiero es un pedacito en la historia. Por eso no permitan que me detengan en paños menores, y mucho menos que me filmen", instruyó a los efectivos.

"Un día antes de su muerte, el martes 16, estuvimos hablando sobre su proceso. Además, el miércoles 17 teníamos una diligencia en una fiscalía provincial donde debía dar su declaración por una querella que interpusieron en su contra", relató Erasmo Reyna.

El abogado, que lo defiende en el caso Lava Jato, no observó alguna anomalía en la actuación del exmandatario. Pero recordó que cuando se especulaba sobre su detención, se enfurecía. Consideraba que esa posibilidad era inaceptable.

"Estaba tranquilo ese día. Hablamos sobre el viaje de los fiscales a Brasil y de las últimas actuaciones ante el despacho del fiscal José Domingo Pérez y sobre algunos escritos que habíamos presentado al juez Sánchez Balbuena. Alan García quería estar al tanto de lo que estábamos haciendo. No se le veía abatido, no se le veía en una situación emocionalmente preocupante. Yo hable con él y estaba sumamente tranquilo", refirió Erasmo Reyna.

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"Sin embargo, siempre expresaba que él nunca soportaría una situación de injusticia. Le parecía indignante que habiendo sido dos veces presidente fuera humillado con la cárcel", apuntó.

El escolta de Alan García confió lo que vio por última vez: "El martes al mediodía tuvo una entrevista con la periodista Angélica Valdés y luego   me dijo que Carlos Villarreal de RPP iba a venir a las 6 y 30 de la tarde. Ese día el expresidente Alan García estando con Carlos Villarreal y con sus alumnos en el aula dijo lo siguiente y que nunca olvidaré: 'Quizás esta sea la última clase que les dé, porque no sé lo que pasará. Ya la historia lo dirá'. Los alumnos le respondieron: '¡No, presidente, no diga eso!'. Había mucha emoción en la clase. Alan García solo sonrió y levantó la mano. Así se despidió". Fue la clase final.

Los últimos periodistas que entrevistaron a Alan García

El reportero Carlos Villarreal Huayanay, de RPP, era un viejo conocido de Alan García. Lo entrevistó en la noche del martes 16.

- "Lo vi normal, preocupado pero tranquilo. Dentro de esa preocupación no tuvo momentos de exaltación, no estaba deprimido, triste. Al contrario, es cierto que no estaba tan susceptible como antes, no hubo nada que me hiciera pensar que él quería suicidarse", relató.

- "Lo vi bastante tranquilo, callado, pero bastante cansado y agotado. No lo veía casi un año. Él fue siempre muy gentil conmigo e incluso me dio las condolencias cuando falleció mi madre", declaró la reportera de América TV Angélica Valdés.

- "Durante la entrevista no lo noté distinto. Fuera de cámara me dijo que era un abuso que querían meterlo preso. Incluso me comentó que estaba preocupado por que de los 123 mil presos, 85 mil estaban sin condena y que el gobierno debería solucionar eso", señaló.