Lo viejo nuevo

Editorial
17 Abr 2019 | 0:15 h

El reagrupamiento fujimorista.

El reciente acto que fue vendido como de relanzamiento de Fuerza Popular fue en realidad de reagrupamiento del fujimorismo, de la unidad de los seguidores de Keiko y de su padre, con la facción del Kenji aún resistente a volver al seno del fujimorismo oficial, el proceso que se inició hace semanas cuando los dos personajes ahora detenidos se reunieron.

El acto simboliza una nueva derrota de Keiko Fujimori. Es el fin del experimento que iniciara el año 2010 cambiando de nombre y luego de líderes al grupo Fuerza 2011, cuyo propósito fue autonomizarse del padre al punto de prescindir de los allegados a este en las elecciones del 2016.

El fujimorismo a imagen y semejanza de Keiko no va más. Al contrario, la nostalgia “albertista” retornó hace poco y ahora se registra la vuelta a los orígenes, incluyendo el empoderamiento de figuras del fujimorismo ultra radical como Martha Chávez y la pérdida de peso político de las nuevas adquisiciones, marcados por la crítica generalizada respecto a los errores cometidos en su selección. A ello se debe la raleada presencia de los “nuevos” fujimoristas en el supuesto relanzamiento.

El retorno a las fuentes, presidido por las fotos de Alberto y Keiko en el hotel donde se llevó a cabo este acto, es con todo, es decir, con la verbalización sin recato del ideario conservador contra el enfoque de género –usando el estribillo “pro vida”– y en contra de las investigaciones de las violaciones de los DDHH, un ámbito donde ya dejan de ser “pro vida”.

La ilusión de que el anunciado relanzamiento incluyese una pizca de responsabilidad y rectificación de errores ha durado apenas unas horas. El reagrupamiento implicó que se agrande la falta de escrúpulos patentizado en la protección del ex fiscal de la Nación Pedro Chávarry, cuyo proceso se frustró ayer por la inasistencia de seis legisladores de Fuerza Popular, entre ellos el relanzador Luis Galarreta.

Fuerza Popular es ahora más fujimorista que nunca, aunque esta operación es una huida hacia adelante y no garantiza ni un reencuentro de Fuerza Popular con sus votantes de antaño, y ni siquiera un reencuentro con el sector que lidera Kenji Fujimori a quien los partidarios de Keiko expulsaron del Congreso.

Estamos advertidos, eso sí, que los movimientos de Fuerza Popular no incluyen autocrítica alguna de los actos de corrupción en los años 2011-2016, que han llevado a su lideresa a prisión preventiva, y una reflexión respecto al nefasto papel del fundador del fujimorismo respecto a la corrupción generalizada en los años noventa y la violación del Estado de derecho y las libertades, por lo que purga prisión.