Pedro Salinas, la víctima sonriente

Maritza Espinoza
09 Abr 2019 | 21:00 h

La sentencia en su contra emitida por una jueza en Piura ha sido considerada un golpe a la libertad de expresión, pero el periodista no solo apelará, sino que seguirá investigando al Sodalicio de Vida Cristiana.

Allá, a fines de los 90, solía aparecer siempre risueño en la televisión, con tirantes y espejuelos redondos, como una versión juvenil de Larry King. Ya entonces, Pedro Salinas solía comprarse todos los pleitos contra la corrupción y la dictadura fujimorista, pero nada hacía prever que, una década después, se convertiría en un cruzado contra los abusos psicológicos, físicos y sexuales del Sodalicio de Vida Cristiana.

Ya entonces, Pedro era un sobreviviente de esos mismos abusos. A punto de ser expulsado del Colegio San Agustín y en plena crisis de adolescencia –sus padres se habían separado y él vivía un caos de rebeldía, drogas y confusión–, un grupo de laicos consagrados lo llevó a los retiros espirituales del Sodalicio. Una vez allí, aprendió a cantar De cara al sol (sí, himno de la Falange española) y se plegó, como un soldado más, a una estructura fascista e intolerante.

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Años después, supimos lo que vivió: una vida de cuartel, donde lo más leve que podían hacerle a un joven era torturarlo. Lo más grave, violarlo. Pedro no es un sobreviviente de abusos sexuales, pero estuvo a punto. “Un día, en una sesión espiritual, a puerta cerrada, mi director espiritual me dice: ‘Quítate la ropa, quédate en calzoncillos, échate’. (…) En eso, me empieza a tocar más abajo, las piernas, la ingle. Ahí, me siento incómodo y abro los ojos como diciendo ‘¡qué pasa!’. Y el pata me dice: ‘Ya, Pedro, puedes cambiarte’ (…). Evidentemente, a la luz de lo que ahora se sabe, ese fue un testeo y hasta hoy siento que la bala me pasó silbando”, nos contó hace un par de años.

Años después, todo lo vivido en el Sodalicio emergió en forma de una novela, Mateo 10 (toma su nombre justamente del versículo de la Biblia: “El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí”). Allí, Pedro contaba su experiencia, los golpes, las torturas, las órdenes imposibles de desobedecer: “Es lo que más me avergüenza haber hecho. Obedecer ciegamente”, recordaba luego.

Después vinieron otros libros en tono de denuncia contra el Sodalicio hasta que, ante la cantidad de testimonios de experiencias parecidas o peores que le llegaban, decidió asociarse con la periodista Paola Ugaz para una investigación de largo aliento, de la que salió Mitad monjes, mitad soldados, el libro que remeció al Sodalicio desde sus cimientos.

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Para eso, Pedro debió reabrir heridas, como la de su relación con su padre. El Sodalicio los había separado. Para sus fines, era indispensable alejar a los jóvenes de sus familias y le dijeron que su padre no lo quería, que era un don nadie, un mal hombre. Pedro se creyó el discurso y se apegó más a la organización. En el fondo, era un muchacho más buscando aceptación y pertenencia. El Sodalicio aparentó darle eso. Y odió a su padre.

Aunque por suerte logró reconciliarse con él antes de su muerte, no le perdona a Luis Fernando Figari, el cabecilla hoy refugiado en El Vaticano, y a sus cofrades todo el tiempo que no pudo estar junto a su progenitor.

Esta semana, Pedro sufrió un nuevo golpe de parte del Sodalicio: fue condenado a un año de prisión suspendida y al pago de 80 mil soles de reparación, por la jueza Judith Cueva Calle, en un sospechoso juicio que le entablara el obispo de Piura, José Antonio Eguren, por decir, en una columna, que era uno de los mayores allegados de Figari .

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El persistente

El periodista, pese a la dureza del golpe, sigue incólume y ha anunciado que seguirá investigando al Sodalicio. “Lo que más me impresiona de Pedro es su persistencia. Y su empatía, porque hay que tener mucha para escuchar y acompañar a las víctimas”, dice Paola Ugaz, su socia en esta dura empresa y con quien –dice ella en son de broma– son ya una dupla, “como Batman y Robin”.

Agrega que su mayor aprendizaje con Pedro ha sido reír, aún en las circunstancias más difíciles. “Sin eso, no hubiéramos llegado hasta aquí, sobre todo al oír los testimonios tan duros de las víctimas. Reír, crear, imaginar. Es como si la vida me hubiera regalado un hermano mayor”.

Pero Pedro tiene un defecto que desespera a Paola: es un desastre calculando tiempos. “Cuando me buscó para entrar en este proyecto, dijo que iba a durar tres meses... ¡y ya va por nueve años!”, se queja entre risas.

Otra cosa que admiran sus amigos en él es la relación horizontal con sus cuatro hijos (Joaquín, Macarena, Antonio y Lucía). “Me ha enseñado cómo ser padre y amigo a la vez. Es un padre extraordinario y eso contrasta con sus habilidades culinarias. No sabe ni prender la cocina. Es el rey del delivery”, agrega Paola.

A sus 55 años, el periodista sabe que le espera una larga lucha, porque el Sodalicio tiene dinero, medios afines y una gran sed de venganza. Por suerte, la solidaridad hacia él ha sido gigantesca. Y él la recibe como recibe los golpes: siempre con una gran sonrisa.

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Sabía que...

La jueza Judith Cueva, que ha condenado a pedro Salinas, absolvió a dos presuntos violadores de niñas.

Pedro Salinas salió "desnudo" en un comercial de jabones: tenía un año de edad.

Entró al periodismo muy joven, por una invitación de Jaime de Althaus.