Sin cura posible

Raúl Tola
06 Abr 2019 | 0:47 h

¿Qué haría usted si tuviese que enfrentarse a la disyuntiva de cometer un delito o ver a la persona querida sufriendo los padecimientos más inenarrables, sin una cura posible?

María José Carrasco (62) y Ángel Hernández (70) se hicieron pareja hace más de 36 años. Todo parecía ir bien hasta que a ella le diagnosticaron esclerosis múltiple, esa terrible enfermedad que atrofia lentamente el organismo. Poco a poco perdió el control de su cuerpo: dejó de mantenerse en pie, de lavarse, escribir o comer por sí misma. Hablar, tragar los alimentos e incluso respirar se convirtieron en tareas casi imposibles.

Incapaz de valerse por sí misma, pasó a depender por entero de Ángel. La primera vez que intentó suicidarse fue hace más de 20 años, pero él la encontró y, después de salvarla, le dijo: «No quiero impedirte que decidas tú, pero creo que todavía tienes suficiente calidad de vida».

El tiempo pasó y con él los padecimientos y dolores de María José aumentaron hasta volverse insoportables. Luego de insistirle mucho, convenció a Ángel de que ya era el momento. Este dos de abril, ambos grabaron un video en casa, donde ella manifestó expresamente el deseo de acabar con su vida: 
—¿Insistes en que quieres suicidarte?
—Sí.
—Vamos a ver. ¿Quieres que lo prepare y lo hagamos mañana?
—Sí.
—Bueno pues, aquí no hay nada más que hablar.
—Cuanto antes, mejor.

Al día siguiente grabaron un nuevo video. Ella aparece echada en su cama, sonriente y tranquila, mientras él le dice: «Bueno, María José, ha llegado el momento que tanto deseabas. Yo te voy a prestar mis manos». Luego le acerca un vaso con una cañita, de donde ella toma una dosis letal de pentobarbital sódico.

Hernández nunca quiso actuar de manera encubierta y publicó el video para que todo el mundo viera «el sufrimiento y el abandono» al que la pareja estuvo sometida. En vez de velar a su mujer, debió pasar la primera noche de su viudez encerrado en un calabozo de una comisaría de Madrid, antes de brindar su testimonial y ser puesto en libertad sin fianza. Nunca antes nadie había estado detenido por unos hechos similares.

Esta desgarradora historia ha reabierto la polémica en España, donde la cooperación para el suicidio está penada. El debate es especialmente delicado porque ocurre en plena campaña electoral y ha servido para que unos y otros partidos se echen culpas por la falta de una regulación para casos como el de María José Carrasco. Más que una opinión, quisiera dejar sentada una pregunta: ¿qué haría usted si tuviese que enfrentarse a la disyuntiva de cometer un delito o ver a la persona querida sufriendo los padecimientos más inenarrables, sin una cura posible?