El agua y la mina

Rocío Silva Santisteban
2 04 2019 | 01:45h

El proceso de extracción de Antapaccay es otro denominado chancado, flotación y extracción por solventes que implica un uso de grandes cantidades de agua (400 litros por segundo según el EIA) para ¡85 mil toneladas diarias!

En la empresa minera Antapaccay, continuación de los trabajos de otra mina histórica, Tintaya, en la provincia de Espinar, Cusco, hay dos tajos inmensos de donde se extrae el mineral, cobre básicamente pero también polimetales, con un proceso que no es la lixiviación de empresas como Minera Yanacocha. El proceso de extracción de Antapaccay es otro denominado chancado, flotación y extracción por solventes que implica un uso de grandes cantidades de agua (400 litros por segundo según el EIA) para ¡85 mil toneladas diarias! Por ese motivo la empresa usa las aguas del Río Cañipía que, básicamente, atraviesa el gran e inmenso campamento minero. Por ejemplo, la Comunidad de Huisa ha denunciado que el manantial Choquepito se ha secado totalmente. Me enseñaron unas fotos de alpacas bebés muertos por falta de agua. Han reclamado a la Municipalidad y a la empresa, pero no han tenido una respuesta ni una explicación de cómo se secó: la comunidad asume que se trata de los tajos sur y norte y de las bombas de agua subterránea que existen más arriba por el sector de Huinipampa.

Ayer pasé por ahí: me llamó la atención la inmensidad de los dos tajos, norte y sur, y la profundidad de cada uno. La mina está cerca de su cierre y lo que implica es que debe profundizar el tajo y, por lo tanto, los usos del agua se acrecientan. Pasan camiones gigantes cada 10 minutos y hay una franja portadora de metales que va desde Antapaccay hasta Tintaya para su tratamiento. Tintaya está a mayor altura. Entre los dos tajos aparece el Río Cañipía bajo un puente por donde transitan los camiones.

Las Comunidades de Huisa y Huisa Ccollana, Huarca, Sector San José de Alto Huarca, entre otras, consumen el agua directamente del Río Cañipía sin ningún tipo de tratamiento de aguas y menos de metales pesados. Algunos de los afluyentes han sido desviados y resulta que los campesinos que utilizaban el agua de sus manantes tradicionales, hoy no pueden hacerlo porque se están secando, al margen de la contaminación.

A pocos minutos de ahí hay varias comunidades de campesinos y ganaderos. Conocí a uno de ellos, Ulises, a su esposa y a sus dos hijos, sentada en la grama conversamos largo mientras veía el rotundo cielo espinarense. Ulises, comunero de Huisa, tiene en estos momentos 60 de arsénico cuando lo permisible es 20 microgramos por litro. Su esposa tiene manchas blancas en las manos y pies y las uñas se le salen: este es un efecto del arsénico según la OMS. Su hijo menor de 8 años tiene labio leporino, una deformación en la columna y constantemente debe ser revisado por los médicos en el Cusco a 5 horas en bus.

Ustedes, lectores, saquen sus conclusiones.