La cura para la indecisión

Jorge Bruce
1 04 2019 | 00:36h

Menudo dilema. Heredado por el actual Gobierno, además. Pero la gobernabilidad se juega en casos como éste, tan complejos como apremiantes.

Pese a haber leído todo lo que he encontrado acerca del conflicto en Las Bambas, me declaro incompetente para emitir una opinión informada al respecto. Lo que sí pretendo es analizar brevemente el conflicto en el que se encuentra el Gobierno, con el Presidente y el Premier a la cabeza. 

Los doce puntos de aprobación que acaba de perder Martín Vizcarra, según la encuesta del IEP, deben haber asustado mucho a un régimen sin partido político ni bancada congresal. Y aunque Hernán Chaparro, responsable de la citada encuesta, explica que no son solo Las Bambas sino la inseguridad, el empleo o la salud los problemas que afectan sobre todo a los sectores más carenciados del país, está claro que la famosa carretera de transporte de mineral en el sur es un momento de decisión.
O de indecisión.

En Las pasiones del alma, René Descartes escribió: “Estoy convencido de que resolución y prontitud son virtudes muy necesarias en el manejo de asuntos ya iniciados. Y no hay lugar para el miedo a lo desconocido: porque a menudo las cosas más temidas, antes de que las experimentemos, resultan ser mejores que aquellas que deseábamos”. En la excelente cuenta de Twitter, Brain Pickings, María Popova comenta que Descartes considera la indecisión como “una especie de miedo”, como los celos, la envidia, la desesperación o la superstición. 

Todos estos afectos forman parte de lo que el psicoanalista francés André Green denominó el trabajo de lo negativo. A su vez, otro psicoanalista, británico, W. R. Bion, recurrió a una imagen del poeta John Keats, la capacidad negativa, para poder tolerar la incertidumbre en la sesión analítica. Solo que mientras el psicoanalista debe escuchar cuanto sea necesario antes de intervenir, el gobernante no tiene ese tiempo de reflexión. Está claro que el diálogo que preconiza el Primer Ministro es indispensable, pero no puede durar hasta que llegue el momento de la interpretación. 

Menudo dilema. Heredado por el actual Gobierno, además. Pero la gobernabilidad se juega en casos como éste, tan complejos como apremiantes. La única ventaja que le veo a este atolladero es que las expectativas de una solución armoniosa y dentro del estado de derecho son bajas. En ese sentido puede afirmarse que el manido cliché de la crisis como una oportunidad, tiene algún asidero.