Perdón se llama el juego

Raúl Tola
30 Mar 2019 | 0:33 h

"Al pedir las disculpas de España, López Obrador ha juzgado los hechos del pasado aplicando conceptos de la actualidad, un error usual de argumentación".

Manuel López Obrador le ha pedido al rey Felipe VI que se disculpe por las monstruosidades que España cometió durante la conquista de América. La carta que incluye esta solicitud ha despertado una serie de reacciones que van desde la indignación más encendida hasta el apoyo y la solidaridad.

La primera impresión es que el pedido de López Obrador resulta extemporáneo. No solo porque se refiere a hechos que ocurrieron 500 años atrás, sino porque estos mismos fueron parte de un proceso histórico concreto, largamente superado por la humanidad.

Durante siglos, las relaciones internacionales respondieron a un modelo de sometimiento. Los estados poderosos se expandieron conquistando a otros más pequeños y débiles, hasta tejer esos grandes conglomerados territoriales conocidos como imperios. Ahí donde ocurrió, este proceso fue extremadamente violento y supuso años de humillación, sometimiento y muerte para los pueblos conquistados. Para surgir, todos los imperios de la tierra se mancharon las manos con sangre.

¿Deberíamos pedir perdón los peruanos a los bolivianos y ecuatorianos porque los incas conquistaron a los collas y manteños en el vertiginoso proceso de expansión que comenzó con Pachacútec? ¿Los árabes o los franceses porque el califato Omeya y Napoleón invadieron los territorios donde hoy se asienta España? ¿Deberían pedir perdón los mexicanos por cazar a los pueblos apaches en los estados de Sonora, Chihuahua y Cohuila, como lo cuenta Álvaro Enrigue en su estupenda novela «Ahora me rindo y eso es todo»?

Al pedir las disculpas de España, López Obrador ha juzgado los hechos del pasado aplicando conceptos de la actualidad, un error usual de argumentación. ¿Podemos hablar de violaciones a la soberanía o a los derechos humanos en tiempos en los que ambos conceptos no se habían inventado? ¿De perdón entre México y España, que no existían como tales en el siglo XVI, cuando ocurrió la conquista?

Lo que se consigue aplicando las categorías del mundo moderno para tratar de comprender lo que ocurrió en la antigüedad es deformar ambas realidades. Esto no parece importarle al presidente de México, cuyo verdadero propósito parece ser el mismo que persiguen otros populistas del mundo: la invención de un enemigo imaginario para dejar de hablar de los problemas reales.

Lo han hecho Donald Trump al culpar a los migrantes de los problemas de los Estados Unidos; Nigel Farage acusando a la Unión Europea de la crisis en Reino Unido —lo que se ha traducido en el incierto proceso del Brexit—. Lo hace ahora López Obrador, quien no parece creer que los latinoamericanos hemos tenido tiempo suficiente para hacernos cargo de nuestros problemas y ha olvidado que su abuelo nació en Cantabria, lo que lo vuelve a él, como al resto de los latinoamericanos con algún ancestro llegado de Europa —una amplísima mayoría— corresponsable de las disculpas que exige.