Rata hija del cerro Camote

Gabriela Wiener
22 03 2019 | 00:26h

"Pónganse en el lugar del otro, de la otra, por una vez, y podrán entender porqué la lucha antirracista gana cada día más y más en empoderamiento y liberación".

Ayer fue el Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial y ayer volvieron a decirme que me bañe, que me lave la cara, que soy una rata hija del Cerro Camote y una noséquédelosconos. Y a Sofía Carrillo, que es una gorila y que deberían llevársela al pabellón de quemados. Y a Brenda Carpio, que vaya a servir a sus patrones al campo de algodón, que no le queda bien la libertad y que la van a azotar.

Así se las gastan las hordas de racistas en las redes sociales cada día con los cuerpos cholos, afro y racializados en general, con altas dosis de machismo y misoginia en cada golpe de tecla, enloquecidos de ver que las mujeres a las que toda la vida trataron como sus esclavas levanten la voz contra sus bestialidades. 

No son menos violentos los que invisibilizan estas violencias, las minimizan o banalizan, o nos llaman victimistas y hasta acusan a quienes denunciamos la discriminación de ser los verdaderos discriminadores, como cuando defendían a la Paisaja Jacinta, ese icono de la discriminación de la mujer andina, con la excusa de la libertad de expresión. ¿Cuándo vamos a madurar como ciudadanía?, ¿cuándo van a trabajar su racismo? 

El racista niega las vulnerabilidades de una persona que debe soportar la subalternidad, el desprecio constante, en las redes o en las calles, y por eso se ensaña. Hagan el esfuerzo de imaginar todo lo que supone construir una vida mientras estás atravesada por el acoso racista. Ahora miren a las niñas discriminadas que fuimos, de pronto fortalecidas en la lucha, gritar desde el fondo de nosotras. Pónganse en el lugar del otro, de la otra, por una vez, y podrán entender porqué la lucha antirracista gana cada día más y más en empoderamiento y liberación.