Las calles de violeta

Raúl Tola
08 Mar 2019 | 20:00 h

“Si no aceptamos que quedan asignaturas pendientes en nuestras mentes, avanzaremos como las tortugas”

Cuando escribo estas líneas, los primeros núcleos de manifestantes comienzan a reunirse en distintos puntos de la ciudad. Me crucé con uno de ellos hace un momento, de camino a casa. Eran una veintena de personas, mujeres en su mayoría, que revoleaban banderas de color violeta, gritaban consignas y ocupaban todo el ancho de la Gran Vía –la principal avenida de Madrid– para interrumpir el tránsito.

Mientras los automovilistas se pegaban a sus bocinas y la policía intervenía, pude leer algunos de los lemas que enarbolaban: «Nosotras paramos», «Vivas, libres, iguales», «Gobierne quien gobierne, la trabajadora siempre pierde», «Lo contrario al feminismo es la ignorancia», «No es mujeres contra hombres, sino todxs contra el patriarcado».

Hace exactamente un año, España se convirtió en el centro mundial de la lucha contra la desigualdad de género. Aquel 8 de marzo de 2018 –Día Internacional de la Mujer–, cientos de miles de personas ocuparon las calles de 120 ciudades y cerca de seis millones de trabajadoras acataron una huelga general. Se da por descontado el éxito de esta nueva jornada, a pesar de los cálculos electoralistas de un sector de la derecha española cada vez más radical.

¿Tenemos algún papel los hombres dentro de este movimiento masivo e imparable, que lucha por reparar una injusticia tan antigua como la humanidad? ¿Qué podemos hacer, además de apoyar unas marchas y unas reivindicaciones que están por encima de cualquier careta ideológica? Para comenzar, podríamos dejar de sentirnos amenazados. También podríamos plantearnos algunas de las preguntas que, con su agudeza habitual, propone Iñaki Gabilondo: «¿Por qué, salvo contadísimas excepciones, no hay mujeres que ataquen a hombres? ¿Por qué no hay grupos de mujeres que asaltan y abusan de hombres? ¿Por qué no hay bandas de delincuentes juveniles compuestas por chicas? ¿Es que acaso no hay mujeres abandonadas? ¿No hay mujeres desesperadas? ¿Es que acaso no hay mujeres celosas? ¿Es que acaso no hay mujeres desarraigadas? ¿Es que acaso no hay mujeres que están atrapadas por las drogas y el alcohol? ¿Es que acaso no hay mujeres que viven en guetos infestados de violencia? ¿Entonces qué nos pasa que a ellas no les pasa? ¿Qué telaraña mental tenemos? Revisaremos las leyes y avanzaremos. Revisaremos los hábitos y avanzaremos aún más. Pero si no aceptamos que quedan asignaturas pendientes en nuestras mentes, avanzaremos como las tortugas».