El Informante: El caso 0GJ3793, por Ricardo Uceda

La República
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Acorralado en Londres, el fundador de Wikileaks pide apoyo a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Ecuador ya no lo quiere y Estados Unidos desea procesarlo. Un caso sin solución a la vista.

Julian Assange y su famoso abogado, el ex juez español Baltasar Garzón, han presentado ante la CIDH un pedido de medidas cautelares para que los Estados Unidos revelen de qué acusan al fundador de WikiLeaks. Los cargos existen pero no son públicos. Assange, de 47 años, vive como un ratón en una habitación de la embajada de Ecuador en Londres desde el 16 de agosto del 2012, adonde ingresó para solicitar asilo. Está en un deterioro alarmante, dicen sus adeptos, y parte de la discusión, en efecto, es el menoscabo de sus derechos humanos. La otra materia es esta: ¿en qué medida su persecución es una causa de la sociedad?

Las filtraciones

El escrito ante la CIDH plantea por delante el tema del aporte social de WikiLeaks. Fue fundada, afirma, para garantizar el derecho a la información de todos los ciudadanos, mediante un sistema criptográfico para ocultar a sus fuentes. En efecto, en la larga lista de revelaciones producidas por WikiLeaks desde el 2007 hay muchas que contribuyeron a un mejor conocimiento de grandes males. Reveló, por ejemplo, los abusos contra los prisioneros de los Estados Unidos en la cárcel de Guantánamo. En 2009 difundió un informe sobre el descomunal vertido de residuos tóxicos en Costa de Marfil por parte del gigante financiero Trafigura. Desde el año 2010 publicó evidencias de ejecuciones judiciales en Irak y Afganistán, pruebas de corrupción en Kenya, censura de Internet en China, entre otras calamidades que no eran conocidas. Recientemente contribuyó a la identificación de Maher Mutreb, uno de los presuntos asesinos del periodista Jamal Kashoggi en el consulado de Arabia Saudita en Turquía.

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WikiLeaks inauguró un tipo de revelaciones que el periodismo no podía lograr con su tradicional mecanismo de reporteo de fuentes. Era información robada mediante hackeo electrónico u otros medios. Las más impactantes revelaciones han sido difundidas en asociación con grandes medios como The Guardian, The New York Times, Le Monde, El País y Der Spiegel. La información, al margen de su origen, luego llegó a ser empleada legalmente. En 2009 fue utilizada para probar ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos que Macedonia entregó ilegalmente detenidos a la CIA. Al margen de su procedencia, la Corte Internacional de Justicia y la Corte Suprema del Reino Unido admiten documentos de WikiLeaks en un proceso judicial.

Caso secreto

Era cuestión de tiempo que Assange fuera ganando numerosos enemigos. En 2015, luego de la publicación de cables que lo comprometiera, el gobierno de Arabia Saudita declaró que castigaría con veinte años de prisión ese tipo de filtraciones. El de Australia dijo que WikiLeaks actúa ilegalmente. Pero las iniciativas importantes de persecución judicial surgieron en los Estados Unidos, cuyas fuerzas de seguridad quedaron expuestas por incontrastables evidencias de atrocidades de guerra, incluidas filmaciones de asesinatos. Ha sido reportada una causa ante un Gran Jurado de Virginia, el Caso 0GJ3793, amparada en la protección de la seguridad nacional norteamericana, cuya existencia aún no es confirmada por las autoridades. En el juicio al soldado Bradley Manning, sentenciado a 35 años de prisión bajo el cargo de haber sido fuente de WikiLeaks, se conoció que el FBI tenía 3,475 documentos y un informe de 42,135 páginas sobre WikiLeaks. Manning, como es sabido, fue torturado y sometido a situaciones humillantes antes de que Barack Obama conmutara su pena en 2015. Assange se ve tratado de la misma manera si Estados Unidos llegara a capturarlo.

En la oscuridad

Hasta aquí lo informativo. Hay otra historia que concierne a la oscuridad de Wikileaks, que en buena cuenta es la de su fundador. Assange, un hombre autodefinido como de sólidos principios, nunca estableció cuáles eran los de su medio, más allá de sostener que se difundiría todo sobre todo. Pero no se puede publicar así, incluso dentro de la mayor irresponsabilidad. Necesitaba criterios periodísticos, una técnica que poseían los medios de los que inicialmente desconfiaba porque eran parte del poder. Los periódicos con los que hizo un matrimonio por conveniencia tenían su propio mecanismo de corroboración, pero WikiLeaks expuso a muchas personas publicando información indiscriminada. La falta de claridad sobre sus mecanismos de financiación y sus criterios informativos hizo presumir que WikiLeaks podía ser parte de uno de los polos de poder mundial, concretamente el ruso. La oscuridad se hizo más negra cuando Assange pidió asilo a Ecuador para no atender un requerimiento judicial en Suecia por una acusación de violación sexual. El gobierno que lo protegió era un caracterizado violador de la libertad de expresión.

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Desde la embajada ecuatoriana, donde tenía todo lo necesario para trabajar, Assange publicó en WikiLeaks correos electrónicos de Hillary Clinton que pudieron ser devastadores en su campaña electoral contra Donald Trump. ¿Por qué favorecía a Trump? En el documental Risk, de Laura Poitras, lo dice: “Ella es belicista y nos tiene en la mira”. Es la respuesta de un activista, no de un periodista. El documental, que lo muestra en la intimidad de su trabajo, no deja claro si desea favorecer a Washington, o a Moscú o a una tercera potencia. Quiere “hacer el mundo como desea”.

–¿Tengo un poco complejo de Dios, no? –añade.

Sin amigos

Después de que la justicia sueca desistiera de procesarlo por las acusaciones de violación, Assange siguió imposibilitado de salir de la embajada de Ecuador de Londres. Quito, donde manda otro presidente, desea que se vaya. Gran Bretaña lo entregará a los Estados Unidos. Los rusos ya no lo quieren ni tampoco los chinos. Aunque Assange no es el héroe que muchos vieron hace diez años, al fin y al cabo es un mensajero, y no debería afrontar cargos por difundir información.