Acoso: el miedo al poder de la mujer

Rocío Silva Santisteban
4 M03 2019 | 20:47h

Ellos no “violentan” a una mujer, pero sí justifican que el profesor-doctor no pueda ser acosador porque es una eminencia.

El acoso sexual ha sido tan naturalizado durante décadas que en nuestro país se suele dudar de la mujer que denuncia. Hoy, convertido en ley penal, las cosas están cambiando drásticamente. Como comenta mi colega Jeannette Llaja, ¿sin la ley contra el acoso hubiera sido posible denunciar a Mamani, López Vilela, Lescano? Por supuesto que no y por eso es tan importante que las políticas públicas que asuman la defensa de los derechos sexuales de nosotras las mujeres sean explícitas, en este caso, como sanción dentro del Código Penal.

Pero no todo lo solucionan las leyes, como sabemos, el derecho no cambia la realidad.

Por eso llama la atención que en el informe “Mujeres, empresas y normas jurídicas” del Banco Mundial, Perú tenga 95 puntos de score de equidad de género en la normativa (escala 0 al 100). ¡Estamos entre los 20 primeros países con más equidad de género del mundo! ¿Quééé? Sí, ha leído bien: el BM nos califica como un país modelo en género.

¿Entonces por qué tenemos altos índices de feminicidio? He ahí el dilema.

La hipótesis es simple: a mayor ampliación de derechos, mayores reacciones violentas de los hijos sanos del patriarcado. Porque si no puedo controlar tu celular, tus salidas, escoger a tus amigas, el largo de tu falda, tus viernes por la noche y encima ganas más que yo, ¡y las leyes te protegen! pues entonces… te mato. O te pego. O te violo. Y así nuevamente podrás sentir miedo por mí y respetarme.

Pero junto con las barras bravas del patriarcado también ejercen funciones los alfiles de la retaguardia: ellos no “violentan” a una mujer, pero sí justifican que el profesor-doctor no pueda ser acosador porque es una eminencia. O porque el congresista es tan serio (y voté por él).

La mejor arma de estos alfiles son las normas legales: el maquillaje para moverse en los espacios sinuosos del poder, creando un entramado legal correcto, pero evadiendo la justicia en sus esquivos procedimientos, protocolos incompletos o en la misma administración de justicia.

No es posible un trabajo serio sobre el tema de la violencia contra las mujeres sin que los hombres participen activamente en procesos de prevención, cambio de sentidos comunes, empatía, borramiento de las esquinas oscuras de su narcisismo.

Precisamente como lo mencionan muchas analistas son los jueces insensibles al tema los que permiten, favoreciendo la impunidad, que la violencia crezca. ¡Hay que comprometer a los varones en ese cambio! Nos va a hacer un bien a todas.