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Política

Yonhy Lescano y otros necesitados

La Republica

"La próxima semana, cuando estallen más revelaciones de Lava Jato y cuando sea el Día de la Mujer, tengan en cuenta que hay que pelear las enfermedades y no solo los síntomas". 

En esas lejanas épocas prePPK, muchas voces mediáticas pedían “un gerente a la presidencia”. ¿Recuerdan? Lo hacían siguiendo varios sentidos comunes –es decir, prejuicios– de la época. Uno de ellos asumía que un empresario exitoso “no necesita” malversar los fondos públicos en beneficio propio. Se asumía que un millonario “no necesita” robar.

Hace unas semanas, cuando Cuarto Poder ampayó al aún impune Becerril, su excusa fue que “no necesita” coimas porque tiene un “buen sueldo”. Anteayer, luego de ser denunciado por acoso, Yonhy Lescano dio muchas excusas para negar lo que es claramente evidente. Una de ellas fue que “no necesita” acosar porque tiene esposa.

Si la necesidad es la madre de la creatividad, parece que la falta de aquella mata la originalidad. Todos terminan diciendo lo mismo. Recuerden esta excusa los próximos días, cuando los involucrados por Odebrecht la vuelvan a esgrimir.

Es obvio que no es un asunto de necesidad. Alan García, por poner otro ejemplo, claramente no necesita más dinero. ¿Entonces? ¿Qué les pasó a todas estas personas? Una respuesta –que, por tener connotaciones de moralina, muchas veces no se incorpora en el análisis– es la ambición. Siempre es posible querer más plata, más poder, más sexo. Muchas veces, son lo mismo.

Ahora bien, como la sociedad no puede asumir que todos tenemos la estructura moral necesaria para anular, encauzar o diluir esos impulsos, es que existen las cortapisas legales y sociales. La ambición es aceptable, incluso hasta buena, mientras no se atropelle a nadie en el camino. Si lo haces, en teoría, deberías pagar.

Pero si hay una piedra angular de las estructuras de nuestra sociedad es la impunidad ante la corrupción y el machismo. Este es, en realidad, el punto: la impunidad. Toda esta gente ha actuado como lo ha hecho porque asumía que no le iba a pasar nada. Robar al Estado, acosar a mujeres desde el poder… hasta hace nada eran actitudes que, salvo contadas excepciones, no recibían ningún castigo.

En eso se parecen las causas feministas y anticorrupción: en que están desnudando el hecho de que no es un asunto de necesidades individuales, sino de estructuras sociales. La próxima semana, cuando estallen más revelaciones de Lava Jato y cuando sea el Día de la Mujer, tengan en cuenta que hay que pelear las enfermedades y no solo los síntomas.