Arco y flecha

Raúl Tola
01 Mar 2019 | 20:00 h

Quien camina estos días por Madrid la encuentra cambiada. Una paleta de colores intensos y alegres se sobrepone al gris de su sobria arquitectura. 
 

Quien camina estos días por Madrid la encuentra cambiada. Una paleta de colores intensos y alegres se sobrepone al gris de su sobria arquitectura. En los paraderos de autobuses aparecen carteles con fotografías del desierto y las líneas de Nasca. Sobre la fachada del edificio Grassy, que abre la Gran Vía —la avenida principal de la ciudad—, se despliega el gigantesco retrato de una mujer amazónica con dos pescaditos en lugar de ojos. 

Al bajar por la boca del metro uno se encuentra con dibujos de chamanes, cazadores y recolectores de la selva, sumergidos en sueños de ayahuasca o conviviendo con un entorno de lupunas, guayacanes, jaguares y monos aulladores.

El epicentro de este movimiento es Arco, la feria de arte más importante de Iberoamérica, donde Perú es el país invitado. En el pabellón peruano conviven las tintas de Fernando Bryce, las cerámicas primitivas de Carlos Runcie Tanaka, los telares que se transmutan en óleos de Ana Teresa Barboza o las plantas de barro de Ximena Garrido-Lecca. La exposición revela la intrincada relación que los peruanos mantenemos con nuestro pasado, que alimenta de tensión y admiración cada pieza.

Algunas de las exposiciones más notables se encuentran en un circuito vinculado con Arco, pero que corre en paralelo. En el Matadero —el antiguo camal de la ciudad, reconvertido en centro cultural— está instalada la muestra «Amazonías», una mirada multidisciplinaria que transpira la sensualidad, el misticismo y el vigor de la selva peruana. 

En el Museo Reina Sofía —donde se aloja el Guernica de Picasso— hay varias salas dedicadas a «Redes de vanguardia: Amauta y América Latina, 1926-1930», un repaso de los vínculos que nuestro país llegó a estrechar con las vanguardias artísticas a comienzos del siglo pasado, gracias al genio irrepetible de José Carlos Mariátegui. «Nasca. Buscando huellas en el desierto» está localizada en el Espacio Fundación Telefónica, también de la Gran Vía, descubriendo los misterios de esta cultura costera a través de sus cerámicas, tejidos y geoglifos.
 
Ha sido muy emocionante este reencuentro con el arte peruano a un océano de distancia. Tanto como comprobar el interés y la fascinación con que los visitantes descubren unas sensibilidades y una estética que les resultan completamente nuevas. No faltarán las críticas (la poca relevancia de figuras capitales de nuestro arte contemporáneo como Ricardo Wiese, José Tola o Enrique Polanco, por mencionar una), pero este Arco ha sido una oportunidad que ha sabido aprovecharse para demostrar la complejidad y belleza únicas e irrepetibles del espíritu peruano.