"Saca todo lo que puedas"

Sigrid Bazán
26 02 2019 | 20:08h

“El caso Chávarry sigue cayendo por su propio peso –y nos seguimos preguntando por qué no está preso–”.

¿Cuántas y cuántos estuvieron presionados y hoy están pensándola dos veces antes de seguir callando? No sólo me refiero a aquellos colaboradores eficaces –o en proceso de serlo– por el caso Odebrecht, sino a la ola de personajes que, en la figura de colaboradores o testigos protegidos, vienen rompiendo su silencio en medio de complejas y variopintas investigaciones desde la segunda mitad del año pasado.

Colaboradores al interior de Fuerza Popular que permitieron ventilar nítidos detalles del plan obstruccionista que manejan los partidos políticos dentro del sistema de justicia para evitar que se conozca la verdad.

Miguel Castro y Rolando Reátegui marcaron la diferencia en el proceso investigado por el Equipo Especial y permitieron que muchos de los peruanos empezáramos a preguntarnos si existían diferencias entre el partido de Keiko y una secta, en particular, a raíz de los chats de La Botika.

Ahora nos enteramos de que el caso Chávarry sigue cayendo por su propio peso –y nos seguimos preguntando por qué no está preso–: Rosa María Venegas, ex asesora de Pedro Gonzalo Chávarry Vallejos, dijo primero, en enero, que fue a retirar tres cajas de las oficinas lacradas de la Fiscalía de la Nación porque contenían exámenes médicos suyos (en serio, ¿ahí guardarían sus expedientes de salud?) y calendarios, material propagandístico. Venegas dijo que había consultado con tres abogados y que retirar las cajas no tenía nada de malo (pobres abogados...). 

Por supuesto nadie con dos dedos de frente le creyó. ¿Quién creería que la señora va a recoger sus cosas y almanaques justo cuando se lacran las oficinas de la Fiscalía de la Nación? Peor aún, ¿que consulte a tres abogados para retirar sus cositas? Dicho y hecho, un mes después, Venegas se quebró y admitió todo. Chávarry le dio órdenes de sacar todo lo que pudiera de esa oficina y la amenazó para callarla, diciéndole que un escándalo no le convendría a nadie de su despacho.  

No sé si se trata de medir quién queda peor, pero la cobardía de quien venía siendo sistemáticamente protegido por el fujimorismo y la urgencia de separar a todo aquel “amiguito” del ex fiscal de la nación están de nuevo sobre la mesa. 

Lo mismo del lado empresarial. La mafia que corroía el Ministerio de Transportes y Comunicaciones por dentro está empezando a caer. Toca fortalecer nuestro marco legal en sus puntos más débiles y sancionar a cuanto empresario o político local corrupto salga evidenciado de esto.