El "Fin de la historia" en América Latina

Alberto Adrianzén
20 02 2019 | 20:43h

“Lo que debería quedar claro para todos es que un triunfo de Guaidó representa en clave de Fukuyama “el fin de la historia en América Latina”.

Hace unos días, en la Conferencia de Seguridad en Múnich, Mike Pence, vicepresidente de EEUU, luego de “resondrar” a la Unión Europea por no seguir sus “órdenes” en relación a Venezuela, les dijo a los cancilleres europeos: “Estados Unidos es más fuerte que nunca y está liderando en el escenario mundial una vez más”. Para Pence la lucha contra el “gobierno autoritario” de Maduro es expresión tanto de su fortaleza como país como de su supuesto liderazgo mundial. 

Sin embargo, la retórica aguanta todo. EEUU hace ya algún tiempo no está en su mejor posición. En la reunión con los 28 cancilleres en Bruselas, la jefa de la diplomacia europea, Federica Mogherini, le dijo a Pence: “Excluimos de manera categórica cualquier apoyo de la UE o cualquier aceptación de una escalada militar en Venezuela” (El Espectador: 18/02/19). En otros países como Siria, Irak o Afganistán a EEUU no le ha ido bien. Mientras en Asia la hegemonía China se perfila, prácticamente, como indiscutible. Es esta debilidad del imperio lo que está detrás de esta obsesión ya no solo por Venezuela sino también por recuperar una América Latina que fue ganada años atrás por el progresismo y la izquierda. 

Hace unos días el presidente Donald Trump, en una reunión en Miami, anunció que “el fin del socialismo ha llegado en nuestro hemisferio y en todos los lugares del planeta. No solo en Venezuela sino en Nicaragua y en Cuba también”. Para luego añadir en tono apocalíptico: “Y un día pronto, con la ayuda de Dios, veremos lo que la gente hará en Caracas, en Managua y en La Habana”. 

En realidad, el “asunto venezolano” está sirviendo para reestructurar políticamente la región. Hace unos días el presidente chileno, Sebastián Piñera, ha planteado constituir un “nuevo bloque regional” en reemplazo de Unasur, que fue un intento importante del progresismo regional para aumentar la autonomía política y crear una nueva seguridad regional en Sudamérica. Lo que busca este nuevo “bloque regional”, además de ser nuevamente un socio estratégico de EEUU, es convertirse en un muro de contención frente a futuros gobiernos progresistas. Bolivia sería la próxima víctima de esta reestructuración política regional. 

Lo que se podría venir, por lo tanto, ya no es solo un nuevo ciclo político dominado por una derecha conservadora sino también un “momento contrarrevolucionario” que tiene como blanco último a Cuba. La idea es “derrotar”, como dice Trump, al socialismo en América Latina. Algo equivalente a la caída del Muro de Berlín y al fin de la Unión Soviética que llevó a Fukuyama a sostener la tesis del “fin de la historia”, es decir, el triunfo del liberalismo sobre el comunismo, tesis que la historia luego desmintió. Y en ese marco es un fascismo de nuevo tipo lo que hoy avanza en Europa y América Latina y no el liberalismo. 

Este sábado 23 cuando desde Colombia los países de esta “santa alianza” intenten ingresar la famosa “ayuda humanitaria” a Venezuela, podríamos entrar a un punto de no retorno donde se juega el futuro de las izquierdas y el socialismo en América Latina. Y si bien para una parte del sector progresista Maduro no es de izquierda, lo que debería quedar claro para todos es que un triunfo de Guaidó representa en clave de Fukuyama “el fin de la historia en América Latina”.