“Seguirán arrastrando sus frustraciones…”

Eduardo Dargent

@larepublica_pe

15 Feb 2019 | 20:00 h
La Republica

“Incluso, las denuncias serias que deben investigarse, como la reciente contra el presidente Vizcarra, pierden pólvora cuando las usa García. Siempre peligroso, ha perdido enorme fuerza”.

En otra semana de activa presencia en Twitter, Alan García hizo esta referencia indirecta a las expectativas que produce el viaje del equipo Lava Jato a Brasil: “Adversarios repiten desesperados: ‘Esta vez cae Alan’. Pero seguirán arrastrando sus frustraciones. A 2 años de investigaciones, delaciones, cuentas y colaboradores eficaces nada me vincula con coimas y depósitos. Hoy se va conociendo quienes sí pertenecieron al #clubdelacorrupción”.

Varias cosas que comentar sobre este tweet. Lo primero es que ese “nada” es a estas alturas muy optimista. Se investiga la real procedencia del pago de una conferencia dada por el expresidente así como las coimas a varios funcionarios de su gobierno. Pase lo que pase en estas semanas, la sospecha sobre la forma acelerada en que se tomaron una serie de decisiones en su gobierno a favor de Odebrecht acompañará a García. 

Pero vamos más al fondo. Es obvio que García sabe que sus tweets son una estrategia de defensa, no necesariamente nos dice lo que piensa. Lo que me parece interesante es ver cómo asocia su caída con lo que pueda suceder en Brasil. ¿Cuáles frustraciones arrastran esos adversarios que quieren verlo caer? Se refiere seguramente a la frustración de no verlo en prisión, con una condena judicial. Y sí, hay quienes solo considerarán que se hizo justicia si García es encarcelado. Pero creo que la mayoría de espectadores, adversarios y no adversarios, partimos de una diferente evaluación de lo que se considera una caída y por ello vivimos menos frustrados. 

Bien vistas las cosas, ya vimos caer a García. La caída de Alan se produjo hace bastante tiempo. Evidencia de la misma fue el papelón de la última campaña, cuando hizo de todo para presentar un tema de creíble y no pudo. El político hábil que supo situarse muy bien ideológicamente en el espectro político en 1985, 2001 y 2006, deambuló en una campaña marcada por su rechazo.  Quiso agarrarse de la seguridad, de los sindicatos, de las obras de su gobierno, hasta llegó a disfrazarse de joven rapero. Nada funcionó. 

Allí quedó claro a todos los que quisieran verlo, incluidos a quienes aprendimos a nunca declararlo muerto, que algo había cambiado. Ya no era creíble. Las encuestas lo colocan como el político más rechazado por la población, con las peores evaluaciones en todos los campos. Esa desaprobación no solo está asociada a su primer gobierno. Más bien, creo que se sustenta en lo que hizo en el segundo. No intentó cumplir con el mandato que le dieron las urnas de unir un país satisfecho con el crecimiento económico y ese otro país molesto, crítico, de la forma en que se había dado ese crecimiento. 

Más bien se trepó al auto de los convencidos del modelo. Prefirió el aplauso de empresarios y de una derecha que ve todo lo que se mueve en tonos de rojo que comprender las divisiones que debía enfrentar. Y claro, se volvió a hablar de corrupción. Porque ya durante ese gobierno hubo denuncias y escándalos, los suficientes para dejarlo mal parado en la elección del 2016.  

Probablemente preocupado por las noticias de Brasil, García sale de su anunciado retiro el 2016 para continuar su caída hacia los márgenes de la política. Tweets alucinados para una plataforma de apoyo que no existe. Cercanía con los comentaristas de una derecha folklórica. Incluso, las denuncias serias que deben investigarse, como la reciente contra el presidente Vizcarra, pierden pólvora cuando las usa García. Siempre peligroso, ha perdido enorme fuerza.

Volvemos al “nada” del inicio. A García ya demasiadas cosas lo vinculan a la corrupción. Falta la pistola humeante, y sin ella probablemente seguirá en libertad y sin condena. Pero no confundamos las cosas. El frustrado debe ser él. Desperdició una enorme habilidad política con la que pudo hacer mucho para reducir la distancia entre los peruanos. Se ganó a pulso su caída y el alto rechazo de sus compatriotas. Lo que suceda hacia adelante es solo un bonus track, no lo que marque su lugar en la historia.