Una futura izquierda democrática II

Rocío Silva Santisteban
11 M02 2019 | 21:10h

"Hoy, además de una posición socialista y marxista en tanto que crítica al capitalismo y reivindicación del trabajo como fuente de riqueza, la izquierda debe de tener una posición crítica al capitalismo extractivista y al capitalismo por despojo, siendo ecologista."

Como reacción a mi columna de la semana pasada, algunas personas me han comentado que yo reniego de Mariátegui, del Paro Nacional de 1977, de la Marcha de los 4 Suyos y hasta de la Comuna de París. ¿Y quién reniega de todo eso?, ¿acaso he mencionado una sola palabra de renegar de Mariátegui o de la Comuna de París? 

Si reniego de algo será de Sendero Luminoso y su propuesta genocida; del MRTA y sus secuestros y asesinatos; de Stalin y sus matanzas en serie; del gulag y sus campos de horror y del autoritarismo y el genocidio en general. Pero también reniego de las izquierdas latinoamericanas que no han interpretado a Aníbal Quijano y su propuesta decolonial y no entienden que tanto liberalismo como marxismo han sido dos caras de la misma moneda: la modernidad. Y que en nuestro continente la modernidad se ha impuesto a sangre, excluyendo del festín moderno a los sacrificados: los indígenas, las mujeres, los campesinos, las poblaciones subalternas. 

Los gobiernos progresistas de izquierda han enarbolado la bandera de la modernidad y decidieron, para calzar en su lectura dogmática de las promesas marxistas, que la forma de consolidarla era la industrialización a todo costo: por eso Evo Morales ha sacrificado al Tipnis; por eso Rafael Correa sacrificó al Yasuní; por eso Nicolás Maduro también sacrificó, sin que nadie se queje, a los pueblos indígenas del arco minero del Orinoco concesionando 112 mil km cuadrados para la explotación legal de coltán, oro y diamantes. No, compañeros y compañeras, esas no son las propuestas de izquierda que necesitamos en el Perú. 

Una izquierda peruana contemporánea, a estar alturas del siglo XXI, debe reconocer otras necesidades urgentes de las poblaciones en estado de vulnerabilidad como lo son los pobres, pero mucho más las mujeres pobres, y más aún las mujeres pobres que son indígenas y viven a cientos de km de un puesto de salud. Hoy, además de una posición socialista y marxista en tanto que crítica al capitalismo y reivindicación del trabajo como fuente de riqueza, la izquierda debe de tener una posición crítica al capitalismo extractivista y al capitalismo por despojo, siendo ecologista; a la industrialización-modernidad-colonialidad siendo indigenista; a los autoritarismos siendo derechohumanista y al patriarcado-machista y asesino siendo feminista. 

Santiago López Maguiña, profesor de la Universidad de San Marcos, lo ha expresado de la manera más transparente: “[Hoy se requiere] Salir de las generalizaciones e ir a lo uno por uno, a prácticas políticas que privilegien lo singular. Dejar de pensar en unidades y militar en los múltiples”. Exactamente: no podemos seguir pensando en el concepto de inclusión que, por ejemplo, presupone a un incluido desde siempre, usualmente el varón, criollo, de la costa, heterosexual, de edad mediana, sin discapacidades y letrado. ¿Ese es o no es el paradigma? ¡Pero no más! 

Discrepo también, obviamente, con Alfredo Torres, quien sostiene que la “izquierda moderna” debe promover la competitividad para generar empleos e ingresos fiscales. La competitividad es una manera de entender la productividad: pero nosotros debemos de proponer una productividad basada en la cooperación, en la economía solidaria, en el comercio justo y en la promoción de la agricultura familiar que es, en buena cuenta, lo que nos da de comer.