El Perú que queremos, por Verónika Mendoza

La República
9 02 2019 | 16:00h

La lideresa de Nuevo Perú, Verónika Mendoza, analiza la situación por la que atraviesa el país.

En las últimas semanas hemos podido leer una inusual profusión de reflexiones sobre la propuesta del Nuevo Perú, organización de cuya construcción participo junto a miles de peruanas y peruanos con convicción y esperanza desde hace poco más de un año. Se ha alegado que queremos “gobernar como en Venezuela”, se ha especulado que buscamos la “destrucción de las instituciones” y la “estatización de los medios de producción”, entre otros despropósitos que, sin embargo, nos permiten abrir un dialogo necesario. Quiero referirme ahora, con espíritu democrático, a algunos de los temas planteados.

Necesitamos construir una democracia plena que vaya mucho más allá de una votación cada 4 o 5 años. No podemos, en nombre de una malentendida “estabilidad” sostener cínicamente las actuales reglas de juego que generan corrupción y desigualdad, que permiten que mafias y lobbies secuestren nuestras instituciones para poder hacer sus negociazos con impunidad, que convierten todo en mercancía a merced del poder del dinero: la salud y la educación, los bosques y el agua, la justicia, y hasta la gente, su dignidad y su vida. Necesitamos recuperar la democracia para ponerla al servicio de la gente, garantizando elecciones libres -y no sometidas al poder del dinero-, reconstruyendo instituciones sólidas, transparentes y abiertas a una ciudadanía organizada y movilizada que participe, vigile y fiscalice, con garantías de participación para las mujeres, los pueblos indígenas y los sectores hoy aún marginados.

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Necesitamos una economía para la gente, estableciendo prioridades de desarrollo, poniendo orden y límites a los abusos. Porque es inmoral que el 2018 las AFPs hayan aumentado sus ganancias a S/.488 millones mientras sus afiliados perdieron más de S/. 9 mil millones de sus fondos, cuando podríamos, para empezar, abrir la competencia para que los bancos también puedan administrar fondos de pensiones y así reducir las comisiones mientras construimos un sistema público de pensiones solidario complementado con un mecanismo de ahorro adicional competitivo. Porque es indigno que tras más de una década de explotación de Camisea los pueblos del Sur aún no gocen de ese gas que podría abaratar su consumo de energía y generar miles de empleos con un próspero polo industrial.  Porque es inaceptable que miles de familias sean extorsionadas por traficantes de terrenos o expoliadas por inescrupulosas inmobiliarias cuando podríamos tener ciudades planificadas, justas y sostenibles donde la vivienda no sea solo un negocio sino un derecho.

Mientras algunos siguen jurando que salvo la minería todo es ilusión nosotros defendemos una economía diversificada y sostenible, con énfasis en actividades que generen empleo como el agro, el turismo, la industria, etc. No podemos continuar exacerbando el extractivismo y la dependencia de los commodities que han causado, entre otras razones, la dramática crisis económica y humanitaria que hoy vive Venezuela.

Necesitamos un nuevo pacto social. Hoy estamos ante la oportunidad histórica de librarnos de todos los corruptos, pero también de cambiar las reglas de juego para que esta vergonzosa historia no se vuelva a repetir. Por eso, no estamos agazapados esperando la próxima oportunidad electoral, alzamos la voz, estamos en la calle, con la gente, y lo seguiremos estando cada vez que sea necesario defender derechos amenazados o apuntalar la lucha contra la corrupción (como seguramente nos tocará hacerlo ahora que los corruptos pretenden boicotear el acuerdo que permitirá que Odebrecht confiese quiénes fueron sus cómplices). Debemos seguir vigilantes y movilizados para acabar con los corruptos. Debemos abrir un gran diálogo nacional para construir un nuevo pacto entre peruanos que funde una nueva República sobre la base de la democracia plena, la soberanía, la igualdad en la diversidad, la armonía con la naturaleza, la solidaridad, el amor por nuestra gente y nuestra Patria. En esa tarea debemos buscar convencer y comprometer a todos los sectores posibles del país, a través de un diálogo amplio y plural, deponiendo dogmas y prejuicios, porque una nueva República debe superar las exclusiones y discriminaciones del pasado e incluir a todos sus ciudadanos y ciudadanas.

 

Verónika Mendoza

8 de febrero 2019