Agenda liberal llena de silencios

Juan Carlos Tafur
2019 M02 10 | 01:00 h

“Causa desaliento apreciar a liberales cortándose las venas y propiciando un intenso debate en redes y medios..., porque al Indecopi se le ocurrió permitir el ingreso de canchita a los cines”.

Resulta difícil, casi imposible, que en el mediano plazo cuaje un partido liberal, ideológicamente orgánico. No hay un líder que recoja tales banderas y sea capaz de conducir el proceso de conformación partidaria y su respectiva inscripción formal.

Queda resignarse entonces a que surjan liderazgos parciales que puedan tener voz en algunos de los partidos existentes, a la espera de mayor maduración institucional e irradiación ciudadana de las principales propuestas programáticas.

Pero ello –y aquí el problema- debiera pasar previamente por una clara agenda política y económica, y porque quienes desde los medios o la propia clase política comulgan con el liberalismo se hagan sentir en el debate público.

La lista de silencios o ausencias es notable. Causa desaliento apreciar a liberales cortándose las venas y propiciando un intenso debate en redes y medios…, porque al Indecopi se le ocurrió permitir el ingreso de canchita a los cines, y quedarse callados por el monumental y multimillonario saqueo de los bolsillos populares que supone la obligatoriedad de los aportes al sistema privado de pensiones.

Una tarea liberal de primer orden pasa por derribar los numerosos núcleos mercantilistas que favorecen a los grandes grupos de poder (AFP, SOAT, “bono verde”, etc., etc.) y que se genere una mayor economía de mercado, con libre competencia y sin desvío de rentas a favor de los que mayor capacidad de lobby tienen. Contra el populismo, los liberales en primera fila, pero contra el mercantilismo, mayoritario silencio.

Hay que retomar la agenda privatizadora, que tantos y probados beneficios le ha dado al país. Hay cientos de problemas en algunas empresas de servicios en los segmentos de telefonía o luz, pero ello sería infinitamente peor si se mantuvieran las empresas públicas, fuentes de ineficiencia y corrupción. Surgido el tema de Sedapal, ningún think tank liberal desplegó artillería conceptual.

Debe asegurarse la provisión de una educación y salud públicas, gratuitas y de primer nivel. No hay principismo alguno que pueda llevar a un liberal a soslayar estos temas. Por principio, justamente, un menor de edad no puede ser responsable de eventuales malas decisiones económicas de sus padres, y ello no lo puede condenar a no ser ciudadano pleno en las coberturas sanitaria y educativa. Jamás he escuchado un debate a fondo de los tecnócratas liberales respecto de qué hacer en materia educativa o de salud públicas (a Jaime Saavedra lo dejaron solo desde la orilla liberal).

Ni siquiera ha habido mayor incidencia en el debate contra los sectores ultraconservadores por el enfoque de género en el área educativa o las políticas de control natal en el sector salud (algunos de los cuales tienen el cuajo de autodenominarse liberales).

La reforma del Estado tuvo su intento más orgánico en el segundo gobierno de Fujimori y él mismo la saboteó por sus afanes reeleccionistas. ¿Pero el debate también murió allí? ¿No hay nada que decir al respecto?

La conflictividad social en la actividad minera genera dolores de cabeza. ¿No hay nada que un liberal pueda decir? ¿La única opción es meter bala e imponer a la fuerza la legislación vigente? ¿”La ley es la ley”, es lo más elaborado que puede surgir de las canteras mediáticas y tecnocráticos de nuestros liberales? ¡Que culmine la titulación rural y que esta contenga derechos del subsuelo y ya veremos cómo se aceptarán inversiones mineras justas y se descartarán las abusivas!

Son muchos temas. Imposible agotarlos en una columna. Pero lo que sí queda claro es que falta mayor presencia liberal a la hora de plantear la agenda. Tiene que haber masa crítica favorable a ella. Son pocos los políticos que se van a jugar por ciertas medidas si creen que van a librar una cruzada solitaria.

En los 90 se pudieron hacer algunas reformas liberales porque el país estaba dispuesto a aceptarlas debido al colapso nacional que supuso el primer gobierno de Alan García. Esa situación es irrepetible. Hoy se necesita ganar primero el debate para que recién después se dé la posibilidad de que algún gobernante se anime a emprender tales reformas. En esa perspectiva, el silencio es el peor camino.

-La del estribo: muy recomendable el libro de memorias de la notable fotógrafa Ana María McCarthy, Reflejo de un momento. Logra conjugar una mirada suficientemente distante y fecundamente local. Repasa momentos claves de su vida personal, familiar y profesional, y a través de ello retrata notablemente el país, el mundo del arte, sus dos países, la situación de la mujer.