Bolivia, GLP y masificación del gas

Humberto Campodónico
2019 M01 30 | 00:19 h

“En Bolivia la política de masificación del gas natural, desde el 2006, ha sido enorme, lo que hace que el consumo de GLP sea cada vez menor”.

La población se anda quejando de lo caro que está el balón de gas, cuyo precio fluctúa en Lima alrededor de 37 soles por balón de 10 kilos. En zonas más alejadas de la costa, el problema se agrava pues el balón puede costar de 45 a 60 soles. Y a veces más. 

Como el consumo promedio de los hogares es de 2 balones/mes, estamos hablando de 74 soles en Lima: el 8% del salario mínimo. Para las provincias alejadas son 90 a 120 soles/mes: el 10 a 13% del salario mínimo. 

El problema del GLP caro existe hace años, pero en las últimas semanas ha cobrado mayor vigencia por las conversaciones entre Perú y Bolivia –impulsadas por los gobernadores regionales del Sur– para que aquí se comercialice GLP boliviano, que es más barato: el balón de 10 kg vale 22.50 bolivianos en todo el país (ojo), o sea 11 soles. La diferencia es abismal.

Este tema va mucho más allá del precio pues tiene que ver con la política energética. Pero veamos primero por qué aquí es más caro. En el Perú el precio del GLP que sale de los líquidos del gas de Camisea y de las refinerías se vende al precio internacional. 

Su precio en la planta es de S/ 18.50 por balón de 10 kg. Al agregarle 18% de IGV, sube a S/ 21.75 por balón. Ese GLP a granel hay que envasarlo (“meterlo al balón”). Eso cuesta, en promedio, 6 soles, incluyendo el IGV. Ya estamos en 26.75. 

Luego viene el costo de distribución (llevarlo a los locales de venta). Aquí se agregan S/ 6.50 por balón (incluido IGV). Ya estamos en S/ 33.23 por balón. Y falta el costo del local de venta, que es S/ 4.72 por galón (incluido IGV), con lo cual llegamos a los 38 soles. Ese es el precio que todos pagamos. 

Resumiendo: el balón sale de la refinería a S/ 21.75 por balón y llega al consumidor a 38 soles. Hay un 75% de aumento “en el camino”. Para bajarlo, hay que reducir el costo del envasado, distribución y punto de venta. Eso es lo que se hace en otros países, como Colombia, donde el regulador fija topes. 

En Bolivia, esos 3 costos son más bajos porque la estatal YPFB envasa, distribuye y vende. Y en esa actividad no pierde dinero. Lo que YPFB sí subsidia es el costo del GLP que sale del gas natural, por un total de 130 millones de bolivianos al año, (US$ 19 millones). 

Y aquí es donde entra la política energética. Tanto en Bolivia como en Perú hay gas natural, que se lleva a los domicilios para sustituir GLP. En Bolivia la política de masificación del gas natural, desde el 2006, ha sido enorme, lo que hace que el consumo de GLP sea cada vez menor. Hoy en día Bolivia tiene 900,000 hogares conectados a las redes de gas natural, lo que equivale al 40% de la población.

¿Qué ha pasado acá? Desde el 2004, año en que llegó el gas a Lima, solo hay 700,00 conexiones, sobre todo en Lima. ¿Qué ha sucedido? Que el consumo nacional de GLP ha pasado de 8.6 millones de barriles (MMB) en el 2006 a 16.2 MMB en el 2012, llegando a 20.8 MMB en el 2017. Un aumento del 141% en 11 años. En lugar de sustituir GLP, en el Perú su consumo aumenta. De Ripley.

¿Qué ha hecho el gobierno? Primero, para paliar las quejas de la población, otorga a las familias más vulnerables un bono de 16 soles/mes que se descuentan del precio del balón de GLP. Así, el precio baja, digamos de 38 a 22 soles por balón. El FISE llega a 4 millones de peruanos (80,000 en Puno). 

Aparte, el GLP está en el Fondo de Estabilización, mecanismo que impide que el precio suba (o baje) más allá de una banda de precios predeterminada. Los críticos del FISE y del Fondo de Estabilización (nos cuestan varias centenas de millones de soles) dicen que hay quienes “jalan para su molino” una parte de los subsidios: los envasadores, distribuidores y los puntos de venta. ¿Será? 

Estas dos medidas podrían “pasar” como una inversión social, si no tuviéramos un combustible sustituto. Pero ya hemos visto que sí lo tenemos: es el gas natural, que es 50% más barato que el GLP. Y, ojo, nuestras reservas de gas de 16 billones de pies cúbicos (TCF, en inglés) son superiores a los 10.7 TCF de Bolivia. Así es, aunque usted no lo crea. Entonces, ¿por qué seguimos acá con la masificación “a puchos” del MEF y Proinversión? Porque el Estado no es el dueño de la molécula por lo que no puede decidir su destino. Por eso. Y eso es lo que tiene que cambiar.

Está claro lo que hay que hacer: masificar el gas natural domiciliario en todo el Perú, pues nos sale más barato que el Fondo de Estabilización y el FISE. Para ello se necesita una autoridad central de masificación con la participación de Petroperú y relanzar al Gasoducto Sur Peruano. Estos planes no se contraponen a la llegada del gas de Bolivia. Más bien suman en la misma dirección. Siempre que, claro, acá haya voluntad política de enfrentar y derrotar a los poderes fácticos. Ya es hora.