La disputa sobre la autonomía estatal

Sinesio López
23 01 2019 | 20:16h

"Se está estableciendo una nueva relación de equilibrio entre el Ejecutivo y el Legislativo y el fujiaprismo y los conservadores protestan y lloran en nombre de la autonomía del Congreso que ellos aún mantienen (débilmente) capturado".
 

Todos dicen respetar la autonomía de los poderes del Estado, en particular la del PJ y del MP, pero todas las fuerzas sociales y políticas buscan capturarlos para someterlos a sus intereses y designios. El neoliberalismo de los 90 capturó al Estado, especialmente sus aparatos económicos, para organizar la economía en función de sus propios intereses. El fujiaprismo del 2006 en adelante capturó al PJ y al MP para blindar y limpiar a sus dirigentes de las múltiples acusaciones de corrupción. Ahora que se está rompiendo con esa captura, el fujiaprismo y los conservadores protestan en nombre de la supuesta autonomía del Poder Judicial.

La relación entre el Ejecutivo y el Congreso ha sido más compleja y variada. Entre el 2001 y 2016 ha existido un cierto equilibrio de poderes en la medida que el Presidente y el partido en el gobierno lograban articular una cierta coalición que les permitía tener mayoría en el Congreso. En esas condiciones, el Ejecutivo, como en todo presidencialismo, tenía una cierta preeminencia sobre el Congreso. Cuando el partido en el gobierno perdía la mayoría congresal, la gobernabilidad se hacía difícil.

La situación cambió brutalmente en el 2016 cuando el fujimorismo obtiene una aplastante mayoría en el Congreso y se estableció un gobierno dividido en el que fujiaprismo del Congreso sometió al Ejecutivo buscando controlarlo y desbarrancarlo, lo que al final logró con la renuncia de PPK y el ascenso de Vizcarra al gobierno. Luego de una breve etapa de sometimiento, Vizcarra rompió el yugo fujiaprista proponiendo algunas reformas de la justicia y de la política y convocando a un referéndum para aprobarlas.

Desde ese momento ha cambiado drásticamente la situación política y la correlación de fuerzas, se está estableciendo una nueva relación de equilibrio entre el Ejecutivo y el Legislativo y el fujiaprismo y los conservadores protestan y lloran en nombre de la autonomía del Congreso que ellos aún mantienen (débilmente) capturado.

En realidad, la disputa por la autonomía del Estado es un fenómeno global y contradictorio. Por un lado, los movimientos globales de la economía (la inversión, la producción, las finanzas y el comercio) tienden a volatilizar al Estado y la ideología neoliberal, imponiéndose como pensamiento único, busca legitimizar esas profundas transformaciones y blindarlas a través de la promulgación de nuevas constituciones en los diversos países. Por otro lado, las industrias productoras de bienes culturales y simbólicos, ahora en la cresta de la ola mundial, buscan defender los derechos de propiedad y de autor y necesitan estados vigorosos que cumplan ese rol. 

Además, los tigres asiáticos han alcanzado un alto nivel de desarrollo gracias al papel activo del Estado que logró lo que Peter Evans ha llamado una “autonomía enraizada” en esos países. El debate sobre la autonomía del Estado es más vasto, sin embargo. Diversos autores, en especial Thedda Scócpol, han participado en él. Volveremos sobre esas otras dimensiones del debate.