Un cebiche con De Niro

De Niro es una de las piezas de lujo del gran cine. Verdad, tiene películas horrorosas pero milita en el bando de los mitos cinematográficos. Verlo en el Toro salvaje me mando a la lona”

De Niro es una de las piezas de lujo del gran cine. Verdad, tiene películas horrorosas pero milita en el bando de los mitos cinematográficos. Verlo en el Toro salvaje me mando a la lona”

Camina por estas tierras y por estos días el actor Robert De Niro. Sí, el que me condujo en su taxi por las calles de Nueva York. Aquel de “novecento” de Bertoluchi. Ese que fue El Padrino joven. Un gigante de la actuación. Un ornitorrinco de escenas. Vino y vino como es. Dice El Búho que lucía su polo ‘chihuán’. Cierto. La pega de pobre pero es un gigante.

De Niro es una de las piezas de lujo del gran cine. Verdad, tiene películas horrorosas pero milita en el bando de los mitos cinematográficos. Verlo en el Toro salvaje me mando a la lona. Pero, además, chapar cuánto personaje que haya en este laredo, guau. Fue jesuita en La Misión, es una herejía sagrada. Ver en el anuncio de su actuación certifica una buena película.

De Niro vino con su portátil. ¿Para qué? Le pregunté. Y dijo: ¿A comer? De Niro tiene 17 restaurantes en el mundo. Es un empresario del llantar. Vino a Perú por la sazón nacional. Entonces dijo que el restaurante peruano es siempre otra dimensión. Cóncavo y convexo. Que un bocado de cebiche es un pasaporte al cielo terrenal.

No voy a decir dónde pero le explicaba lo del cebiche 5 elementos. Él la conoce. De Niro se había estancado en un cebiche nicaragüense. Sí, es paja. Pero no hay como el cebiche de autor peruano. Digamos como el de Solari o el de La Mar. Un plato como metáfora del orgasmo.

Para ser De Niro, hay que tener varias gargantas. Esta vez, el actor bajó la cabeza. Nuestro cebiche le había pegado en el occipucio. Entonces quiso hablar de Fujimori y de Toledo. Le dije no. Un cebiche peruano es un acto sacramental. Un poema de sabores, un pretexto para querer al maestro.

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