El dictador Vizcarra y la derecha oligofrénica

Juan Carlos Tafur
12 01 2019 | 20:15h

"El gobierno ha publicado una Política Nacional de Competitividad que sugiere un derrotero en el camino de la ansiada reforma laboral, una reforma que ni siquiera en el gobierno de Alberto Fujimori se atrevieron a plantear"

El gobierno del Perú lidera un bloque regional de países que se enfrentan abiertamente al régimen de Nicolás Maduro. En el caso de nuestro país se rompe una tradición neutral y se participa activamente en la búsqueda de una salida democrática a la dictadura venezolana construida bajo la inspiración autoritaria de Hugo Chávez. ¡Cuánto se reirían los jerarcas venezolanos de saber que un sector de la derecha peruana acusa a Vizcarra de ser un chavista desembozado!

El gobierno ha publicado una Política Nacional de Competitividad que sugiere un derrotero en el camino de la ansiada reforma laboral, una reforma que ni siquiera en el gobierno de Alberto Fujimori se atrevieron a plantear. Por supuesto, ni Toledo, ni el engreído de la ultraderecha peruana, Alan García, se animaron siquiera a esbozarla. El único que lo quiso hacer fue el otro “chavista”, Ollanta Humala, pero tan inorgánicamente que terminó a las patadas.

Al mismo tiempo, y de un modo casi desapercibido, Vizcarra ha decidido emprender la reforma del Estado, comenzando con una estrategia de modernización financiada por los organismos multilaterales por todo lo alto y encargando ello a un burócrata de insospechada filiación izquierdista, como el ingeniero Alejandro Afuso.

A este gobierno, que se atreve a hacer estas reformas “derechistas”, un sector de la arcaica derecha peruana lo acusa de ser un heraldo de la izquierda caviar o inclusive radical, que querría apoderarse del poder pervirtiendo la democracia (es curioso, dicho sea de paso, que muchos de los que lo hacen, en el fondo resienten la democracia representativa y añoran la dictadura de baja intensidad desplegada en los 90).

Como es obvio, estamos ante un disparate político de polendas, que no se explica por algún particular recelo democrático de la ultraderecha peruana –algo muy lejano a su tradición política- sino más bien por razones psicológicas más cercanas al despecho o el resentimiento, que a una legítima suspicacia principista (no debe descartarse la ostentosa oligofrenia de nuestros Bolsonaros criollos).

La ultraderecha peruana no perdona que Vizcarra le haya hecho frente al proyecto autoritario del keikismo, que pretendía apoderarse de mala manera del Ejecutivo, no contento con tener un control aplastante en el Congreso, y el Poder Judicial y el Ministerio Público en gran parte dominados gracias a su pacto tácito con el aprismo. La DBA quiso apropiarse del poder absoluto el 2016 y ha fracasado en el intento. PPK fue un torpe peón de ese proyecto y demostró que su docilidad no sació a los afanes autoritarios de Fuerza Popular. Por el contrario, los atizó. La debilidad excita al matón.

Los odios que Vizcarra despierta en la derecha extrema peruana solo ponen en evidencia el alejamiento paulatino de esta derecha de cualquier atisbo de modernidad política o económica y su apego a fórmulas pasadistas.

Si Vizcarra logra llevar a cabo la reforma política, la reforma judicial, la Política Nacional de Competitividad y la reforma del Estado, se convertirá en el gobernante post Fujimori de mayor talante liberal, en el sentido político y económico.

Vizcarra no es un liberal orgánico ni mucho menos, pero así y todo, sin que muchos dieran medio por él, no solo está encabezando la lucha anticorrupción sino que está enderezando la transición democrática extraviada. En ese esfuerzo, además, diluye las posibilidades de que el 2021 pueda aparecer triunfante un candidato antisistema.

Si persiste en ese talante, cómo no recibir un apoyo crítico de la derecha liberal peruana, una derecha que ojalá llegue al poder el 2021. Sería la mejor noticia del bicentenario que así ocurra. En cualquier caso, la mejor ruta para que ello suceda pasa porque Vizcarra termine de zarandear a la derecha autoritaria, mercantilista y ultraconservadora que ha fracasado en su intento de dar un golpe de Estado.

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