Chávarry no se quiere ir

Luis Davelouis
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Ni Keiko ni su bancada tienen incentivo para sacar a Chávarry y al hacerse los locos o blindarlo, vuelven a jugar para el Apra.

El fiscal de la nación, Pedro Chávarry, no se quiere ir. Le bastó sacar por 48 horas a los fiscales Rafael Vela y José Domingo Pérez del equipo Lava Jato para demorar de modo incierto los testimonios con pruebas de los ex funcionarios de Odebrecht. ¿Cuánto tiempo? No sabemos, pero cada día que pasa sin que esas pruebas lleguen al Perú, es un día que los corruptos tienen para planear sus estrategias de defensa o de asilo. O de fuga.

Y Chávarry no se va a ir a menos que lo saque el Congreso de -todavía- mayoría fujimorista. Y tras confirmarse la prisión preventiva para Keiko Fujimori, ella y su banKada se quedaron sin incentivo para apoyar el proyecto de ley del gobierno que busca reorganizar el Ministerio Público. Y mandar a Chávarry a su casa. Insisto, el único que puede mandar a Chávarry a su casa mientras no haya Junta Nacional de Justicia (lo que votamos en el referéndum) es el Congreso o bien dándole curso a las denuncias constitucionales presentadas en su contra (que ya son 8) o aprobando la ley de reorganización del Ministerio Público.

El problema, hoy, es que Keiko está presa, en síntesis, porque puede afectar, entorpecer y obstaculizar las investigaciones de la fiscalía en su contra. La prueba de esto son los pantallazos del chat “la botica” en los que por poquito le mandan un pescado envuelto en un chaleco antibalas al fiscal José Domingo Pérez. Y en ese chat de congresistas de la República hay de todo: desde el insulto de palomilla fanfarrón de tuiter hasta un muy tangible llamado a la acción: “vamos a joderlo”.

Es seguro suponer que si Keiko quería tener una oportunidad de que se le revocara la prisión preventiva, necesitaba que el juez que veía su causa pensara que ella no constituía amenaza para las investigaciones. Si la bancada de Keiko bloqueaba la reorganización del Ministerio Público impulsada por el Ejecutivo (como de hecho hicieron los congresistas Tubino y Bartra antes de que les avisaran del “cambio de opinión” de su jefa), la sala penal probablemente confirmaría dicha prisión pues es evidente hasta para un tardígrado que Chávarry bloquea las investigaciones de la fiscalía a cambio de que lo blinden en el Congreso. Y los únicos que tienen -todavía- los números para blindarlo son los fujimoristas.

El gesto de la Sra. Fujimori pidiendo a su bancada apoyar la reorganización de la fiscalía propuesta por el Poder Ejecutivo no convenció a la sala penal que ve su caso y confirmó la prisión preventiva. Y en realidad, cuando el presidente de la subcomisión de acusaciones constitucionales del Congreso, el fujimorista César Segura, dice que se discutirán las acusaciones contra Chávarry en estricto orden de llegada, le está dando la razón a la sala penal.

Hoy, ni Keiko ni su bancada tienen incentivo para sacar a Chávarry y al hacerse los locos o blindarlo, vuelven a jugar para el Apra. El Apra que los ha usado incluso a costa de los mismos fujimoristas y sin que estos se den por enterados. Y no se dan cuenta ni siquiera porque Keiko está presa y Alan, que ha sido el presidente que más adendas firmó a favor de Odebrecht, que se reunió y viajó decenas de veces con Barata y Marcelo Odebrecht, que tiene ex subalternos con improbables coimas demostradas en paraísos fiscales, que recibió 100 mil dólares de la caja dos por una conferencia con fecha cambiada y a través de un testaferro, que se quiso asilar apenas pudo en al menos tres embajadas, ese, está en su casa y solo tiene impedimento de salida del país.

El Apra ha usado el número de los fujimoristas a su favor, primero, para nombrar directores y cabezas de organizaciones y aprobar disparates anticonstitucionales sin que los señalen a ellos directamente como los responsables. Y luego, los ha usado como escudo: los fujimoristas son tantos que los peligrosos deben ser ellos y por eso la que debe ir presa es su lideresa, no el líder de los cinco apristas con curul, aunque haya sido presidente y le sepamos todo lo que le sabemos. Es una situación de ganador-ganador pero a ambos lados está AGP. Y el fujimorismo sigue sin verlo. Alucinante.

¿A quién protege Chávarry? Pues veamos, lo apoyan desde Caracol hasta Oropeza, pasando por López Meneses, Orellana y la gente de su organización. Los demás nombres se me escapan, pero fíjense en su desesperación porque Chávarry se quede. La desesperación delata.