Dedos incontinentes

Eduardo Adrianzén
26 Nov 2018 | 20:35 h

Un festival de noticias falsas, incontinencia dactilar, o linchamientos gratuitos.

Mientras uno más las usa y las conoce, más extraño resulta. ¿Por qué tanta gente cree ciegamente TODO lo que alguien común y corriente, cuelga en las redes sociales? ¿Cómo funciona el mecanismo mental que otorga credibilidad inmediata a la afirmación de cualquier desconocido, solo porque se coloca en Facebook, o es un mensaje de Whatsapp… y en cambio, nadie le creería nada, o ignoraría, a ese mismo desconocido si lo dice en la calle?

Entre los facebookeros da ternura ver la cantidad de amigos de buen corazón que comparten posts tipo “¡regalo urgente cachorritos de dálmata, labradores (o cualquier raza con “pedigree”) o los matarán mañana!”, y adjuntan teléfonos de 10 cifras que corresponden a Estados Unidos o Europa… por lo cual es muy difícil la salvación de los animalitos, en caso existan. O algo mucho más peligroso: compartir fotografías de alguien que supuestamente cometió una estafa, agresión o similar, solo porque –igual- una persona que no se conoce ni por referencias, lo dice. ¿Consta que ese acusado cometió una maldad? ¿No se piensa que podría tratarse de una venganza personal, o quizá las puras ganas de crear “cadenas” o coleccionar incautos, por N motivos? De paso –como con los perritos- a veces basta con ver de dónde proviene la denuncia, y resulta que se termina compartiendo algo que quizá, puede ser tal vez, quién sabe, sucedió en Honduras o algún barrio de México.

El chisme es humano y entretenido, sin duda. Pero a menos que posteen periodistas profesionales, o personas con credibilidad que uno conozca, las redes sociales pueden convertirse –¿ya se convirtieron?- en un festival de noticias falsas, incontinencia dactilar, o linchamientos gratuitos.

¿Siempre usted está seguro de garantizar TODO lo que cuelga en ellas?