¿Pero existe ese partido todavía?

Augusto Álvarez Rodrich.
14 11 2018 | 21:14h

Irse del partido PpK es como dejar al Atlético Chalaco.

Fuerza Popular (FP) sufre hoy su crisis más profunda, pero el partido más descalabrado en este momento no es el de Keiko Fujimori sino el de Peruanos por el Kambio (PpK), donde se está produciendo una explosión en la que, uno a uno, salen volando los integrantes de la bancada.

Habiendo llegado con una bancada relativamente pequeña, de 18 miembros, hoy solo quedan unos diez por la partida, por distintos motivos, en diferentes momentos, de Roberto Vieira (cuando recién empezaba el gobierno, en noviembre 2016, y se comprobó que era un topo fujimorista); Alberto de Belaunde, Vicente Zeballos y Gino Costa (en diciembre 2017 en discrepancia con el indulto a Alberto Fujimori); Pedro Olaechea (junio 2018, luego de la renuncia forzada de Pedro Pablo Kuczynski, se dio cuenta de su gusto por la naranja); Guido Lombardi (el viernes pasado, por la posición alambicada del partido en la lucha anticorrupción); Salvador Heresi (el domingo, distanciado de casi toda la bancada); y Patricia Donayre (el lunes, en discrepancia con el vocero Gilbert Violeta, dejó PpK; antes estuvo en FP hasta junio 2017).

Ahora quedan unos diez, pero lo más probable es que, en breve, se produzcan otras dimisiones. Los parlamentarios más representativos que quedan, además de Violeta, son Carlos Bruce y la vicepresidenta Mercedes Aráoz, pero la precariedad del partido y la bancada es clamorosa.

Tanto que, hace unos días, el premier César Villanueva comentó que “nosotros somos un gobierno que ni bancada tenemos”. Aunque luego se disculpó, su comentario es correcto.

La bancada PpK no funcionó ni cuando PPK era presidente. Esto se hizo notorio desde los primeros meses de su gobierno por carecer de estructura partidaria, ideas comunes, cohesión básica. Antes que partido político, esto fue un grupo de amigos que se juntó para tener poder. Algunos llegaron al congreso y, de yapa, les tocó la presidencia de la república, pero estando ahí ya no tuvieron la menor idea de qué hacer.

Algo que, en el fondo, refleja la poca preocupación y hasta la frivolidad con que esta agrupación se organizó para postular a la presidencia y prepararse para la eventualidad de que, como ocurrió, llegaran a ganar.
PpK es otra historia, entre muchas, de partidos de papel, inexistentes, sin ideología, sin futuro. 

Por eso, cuando un congresista comunica que se despide de PpK, es posible hacer el símil con la situación de alguien que anuncia su renuncia al Atlético Chalaco y surge la pregunta ¿pero existe ese equipo todavía?