Nueva mayoría

Las elecciones en EEUU acorralan la agenda conservadora.

Las elecciones en EEUU acorralan la agenda conservadora.

Los ciudadanos norteamericanos han reducido notablemente el poder del presidente Donald Trump en las elecciones del pasado domingo, complicando el juego político del Gobierno y el futuro personal mismo del mandatario de EEUU. Más allá del hecho real de haber perdido la mayoría en la Cámara de Representantes, el resultado general es que los ciudadanos han bloqueado los propósitos más esenciales del programa ultraconservador de Trump.

Siendo estas elecciones de medio mandato (midterm), que permiten evaluar la confianza de los ciudadanos en el Gobierno de cara a la segunda mitad su mandato, en el caso de Trump fueron consideradas una suerte de plebiscito respecto de su política nacional y exterior. Se afirma por ello que los votantes han desaprobado sus políticas extremistas y lo han instado a la moderación.

Los demócratas se han hecho luego de 8 años con la mayoría de la Cámara de Representantes (222 de 235 escaños), arrebatando 26 escaños a los republicanos. En el Senado (100 escaños) los republicanos mantienen su mayoría e incluso ganaron dos escaños, en tanto que, de los 36 gobernadores de estados en juego, han ganado en 25, pero perdido 7 en manos de los demócratas, que ganaron estados donde Trump ganó las presidenciales, como Michigan, Pensilvania y Ohio.

No pueden pasarse por alto otros dos resultados que implican reveses personales para el programa conservador de Trump. El primero se refiere a la explosión de diversidad que trae el resultado electoral, con la elección de candidatos del ala progresista del Partido Demócrata, o de postulantes declaradamente homosexuales, musulmanes, nativos americanos. El segundo se refiere a la presencia de mujeres elegidas, que por primera vez ha llevado esa representación por encima de los 100 escaños en la Cámara de Representantes. Esta presencia de mujeres, como representantes y votantes en una mayor cantidad que antes es también un efecto del movimiento #MeToo.

El resultado es una expresión clara de un gobierno dividido, a pesar de que los demócratas han señalado que se proponen impulsar una agenda de los dos partidos. En su primera reacción, Trump ha encajado el golpe amenazando a la oposición si pretende investigarlo. Su advertencia es de innegable factura suya: “Pueden jugar a eso, pero nosotros lo podemos jugar mejor porque tenemos una cosa llamada Senado de EEUU y un montón de cosas cuestionables que han hecho como las filtraciones de información clasificada y otras cosas que no deberían haber ocurrido”.

Es cierto que se ha abierto en EEUU una etapa de incertidumbre, aunque debería añadirse que su actual presidencia ha sido fundada en base a la sorpresa e incertidumbre. En consonancia con esto, y en atención al estilo de Trump, es probable que desde su gobierno no se realicen los esfuerzos necesarios para atemperar la polarización, y que sea el mismo mandatario norteamericano el que siente las bases de una nueva derrota republicana dentro de dos años.

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